YA NO ESTOY AQUI

 

Si bien es cierto el fenómeno del “Pandillerismo” abarca una realidad humana, en toda periferia en el mundo existen este tipo de asociaciones de personas que en su mayoría son jóvenes que comparten fines comunes como la lealtad, la hermandad (Carnalísimo), la fidelidad al grupo, la religiosidad; en fin toda una gama de valores que pudiésemos enunciar.

 

La realidad de las “Bandas” en el noreste de México tienen ciertas características muy particulares, en el proyecto “Raza Nueva en Cristo” hemos descubierto muchos ápices de la realidad de éstas asociaciones juveniles (Conectas-juntas-uniones) que han tenido cierta evolución a lo largo de los años, y la constitución de las periferias ha conllevado a la fundación de estos grupos; muchos factores determinan la llamada “Defensa de los barrios” y ¿de qué se defiende el barrio?; se defiende de la injusticia, de la discriminación, de la violencia en todas sus modalidades, del hambre, de la incomprensión de la conciencia “Clasista”, donde no muchos de quienes crecen en los barrios tienen la oportunidad de vencer en esta lucha constante. En el barrio se lucha desde el día que llegas (desde que naces en él), es una batalla de todos los días, de todo momento; de defender la vida inicialmente por todo lo que conlleva vivir en una realidad extrema, se vive con una conciencia de persecución y ello conlleva a unirme a quienes también se defienden en las mismas condiciones.

 

En la película “Ya no estoy aquí” se dibuja una realidad ocurrida en la primer década de los años 2000, y que ha evolucionado hasta nuestros días, en los años 90 existían los llamados “pañuelos” que salen en alguna escena de la película y que nos pueden ubicar en ese tiempo, las vestimentas, peinados y ambiente que evolucionaron en esos años en Monterrey despertaron ciertas modas hasta establecer el fenómeno de los “Cholombianos”, que tuvo gran auge en esa época, hoy en día es difícil encontrar alguna banda con esa característica, yo recuerdo que la última que conocí fue en el año 2016 en el municipio de Juárez se llamaba “La Zona 13”; no dudo que pudiesen existir aún, pero de suyo son tendencias prácticamente extintas en la realidad urbana de Monterrey. Ese estilo era muy peculiar, fácil de identificar por las redes delictivas y por la policía misma, no fue fácil “renunciar” a ese rostro que predominaba en la época mencionada, en la película la escena donde Ulises se corta sus “patillas” dibuja la realidad que la sociedad busca, donde la libertad es coartada, como si fuese una propuesta a “dejar de ser” “me incomoda tu presencia”, es una tragedia social pretender esclavizar a los muchachos a estereotipos clasistas, tal y como ocurrió con el protagonista; pero la vida estaba en juego, la estabilidad si pudiese decirse “estabilidad” era el objetivo de la búsqueda.

 

La película de referencia conecta ciertas historias interesantes que por su naturaleza reflejan una ruptura no superada hasta nuestros días: La delincuencia organizada, el mundo de las drogas, la familia disfuncional, la persecución, la discriminación, la violencia contra la mujer, solo por mencionar algunas, habla de la “ruptura” del tejido social, jóvenes profundamente heridos que están en búsqueda de una identidad ya que la que tienen es rechazada, discriminada, hecha menos; es la interminable lucha de escapar para vivir. La vida de los protagonistas está en peligro, y el principal “Ulises” tiene que migrar a Queens en Nueva York, donde no termina su lucha; los jóvenes que decidían y deciden seguir las huellas del crimen organizado (que son la remota minoría) saben el camino, lo asumen con temeridad, ya que están en esa “búsqueda” de afirmarse en el barrio, no es justificación, sino comprensión, muchas veces orillados, sin salida, ellos lloran por dentro en mitad del placer que pudiesen experimentar, a final de cuentas se buscan ellos mismos, entras las sombras y persecuciones, infinidad de ellos terminan mal, pero si vemos el común de la película la extensa mayoría vive feliz entre su banda, entre sus bailes y ropajes, entre su lenguaje y grafitis, son muchachos y muchachas que buscan ser buenos pero no saben muchas veces cómo serlo, y cuando encuentran esa bondad, detonan la alegría de la vida, que creo la película no muestra del todo y que a mi parecer es una omisión, porque también los casos de plenitud existen en el mundo de las “bandas”.

 

Hoy en día las pandillas en Monterrey siguen existiendo, aunque no con esos auges de los años pasados, ya que la delincuencia en su tiempo los orilló a un exilio (ocultamiento), pero todo ser humano necesita de otro ser humano para salir adelante, nadie puede solo, y el mundo de la banda es la carta de presentación para ello; los muchachos son joyas en mitad en la adversidad, y saben identificar que pueden ser plenos; las pandillas tienen mucho que ofrecer a nuestra metrópoli, mucho, basta con ver que ellos potencian sus barrios, que pueden pactar treguas de sus “fallas” (pleitos) incluso muy antiguos hasta generacionales, que se pueden defender de la injusticia por la cultura del trabajo; a las pandillas no hay que exterminarlas con prácticas represivas sino con acompañamiento, con oídos dispuestos a escuchar sus historias y ahí nacen las oportunidades, y éstas no se les debe negar a ninguna persona. Debemos dignificar la cultura de la pandilla, acompañarlas y enseñarles lo que Dios ha hecho por ellas, y al tener tal sensibilidad religiosa podrán de sobremanera ser agentes que incluso evangelizan a otros (misioneros de Raza Nueva, PAGE, Compañía María de Nazareth, Bandas Unidas para el Bien) por mencionar los proyectos de evangelización en nuestra Arquidiócesis, y cierro mi comentario con aquella frase de san Juan Bosco “Comprende, no juzgues”, así nuestros jóvenes de las pandillas, al ser comprendidos lograran forjar con mucha fuerza un destino muy diferente al que la realidad social actual y disfuncional les invita a vivir, serán el destino de la esperanza, serán luz en un barrio donde todo ha sido oscuridad.

 

La película de suyo es buena y muestra una realidad que no es común saber que existe, pero la realidad es que existe y que puede ser un proyecto de esperanza para quienes compartimos metrópolis como Monterrey.

 

Pbro. José Luis Guerra Castañeda

Director de Raza Nueva en Cristo


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