UNA CIUDAD SEGURA ¿QUÉ PUEDO HACER YO?

El Estado de Nuevo León, en la última década ha tenido un importante incremento en la inseguridad, aunque en los últimos años, no se ha vivido los hechos de violencia, como los sucedidos en el 2010, siguen los asaltos en camión, robo en casa habitación, secuestros, extorsión, homicidios y en últimas fechas hasta violencia en las calles y avenidas de nuestras ciudades por el mal manejo y conducción en la vialidad.

Ante estos hechos inseguridad que se vive en Nuevo León y México, recuerdo una declaración del pasado mes de mayo que sentenciaba: esta inseguridad no puede ser arreglada “ni por Superman”, lamentó el Secretario de Seguridad, del Estado de Nuevo León.

Ahora, yo diría en una frase: ¿Y ahora quién podrá defendernos?, ciertamente no lo hará el Chapulín Colorado, aunque el Gobierno tiene este compromiso por su misión y su esencia de servicio público, no podremos mejorar nuestra realidad, sino nos comprometemos todos en la búsqueda de la paz.

Surge la interrogante ante este compromiso por la paz ¿Y yo que puedo hacer?. El lugar donde brota toda violencia es en el corazón humano, “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,” Mc 7, 21. Cuidar nuestro corazón, es la primera responsabilidad y compromiso por la paz. La persona que cuida su corazón, alimentándolo con la fe, cuidando su salud emocional, llenándose de todo aquello que nos conduzca a la caridad, nos llevará a ser constructores de paz en nuestras familias, trabajos y entornos.

La segunda invitación para construir la paz es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31). No podemos seguir la tentación de la ley del talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Esto genera violencia, un mal nunca se arregla con otro mal. Cuando amamos nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, amamos al prójimo sin fingimiento las relaciones cambian. Caen, como por milagro, todos los motivos de prevención y hostilidad que nos impedían amar a cierta persona, y ésta empieza a parecernos por lo que es en realidad: una pobre criatura humana que sufre por sus debilidades y límites, como tú, como todos.

En semáforo delictivo que indica los diferentes aspectos de violencia en Nuevo León, es sobresaliente la violencia familiar, solo con la caridad y amor al prójimo podremos disminuir esta tendencia cada vez más a la alza.

Tercer propuesta para contribuir a la paz, sin duda alguna es hacer comunidad y comprometernos con las causas sociales. Compromisos sencillos, que no implican más que un poco de nuestro tiempo y buena voluntad. En algunas colonias ya se organizan vecinos para medidas de seguridad y organizarse para medidas de prevención. La indiferencia en nuestras colonias siempre es buen campo de cosecha para la inseguridad.

Existen muchas causas sociales en las que nos podemos sumar: educación, migrantes, niños, adultos mayores, medio ambiente, prevención de accidentes, primeros auxilios, etc. Si las todas las personas de buena voluntad nos sumáramos a un proyecto, nuestra realidad mejoría significativamente.

Por último y no menos importante, pedirle a Dios por la paz, al hacerlo acrecentamos nuestro interior y las personas de fe, sabemos de la fuerza de la oración para nuestra vida personal y comunitaria.

Finalmente concluyó con las Palabras del Arzobispo de Monterrey durante su homilía del primero de enero de este 2019: “Algo mucho más importante es que Cristo no solo regala la paz, Él es la paz. Porque Paz y amor son equivalentes, si decimos Dios es amor es decir que Dios es paz.

Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez


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