UN AÑO SACERDOTAL

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre.” Jn 15,15

Estamos viviendo una situación que ha conmovido las bases de la convivencia social de muchos pueblos en el mundo. Estamos de acuerdo en que nadie esperábamos ni estimábamos la magnitud de esta situación dos meses atrás. El Papa Francisco, apenas hace menos de dos meses, en el Momento Extraordinario de Oración en tiempos de Pandemia y la Bendición Urbi et Orbi del 27 de marzo del presente año, nos invitaba a permanecer unidos al Señor y abrazarnos de la Cruz para abrirnos al don del Espíritu Santo y salir con creatividad al servicio a unos y a otros, enfrentando juntos las contrariedades de esta situación.

Ya el Plan Global de Pastoral 2031-2033 recogía la preocupación por una crisis cultural y antropológica que nuestro país atravesaba, ahora se ha acentuado y ampliado hacia una crisis social, económica y política de nuestro pueblo mexicano. En este Plan, se establecieron tres urgencias para atender: los jóvenes, los migrantes y los sacerdotes. Los jóvenes como protagonistas de la historia y de la vida cristiana; los migrantes como un clamor al cielo y los sacerdotes como discípulos misioneros de Jesús, Buen Pastor.

Mons. Rogelio Cabrera había anunciado la intención de Proclamar un Año Sacerdotal para animar a todos los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis, obispos incluidos, a vivir un año de encuentro con Cristo, Buen Pastor, desde la espiritualidad eucarística. El cual iniciaría con la Fiesta de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. En consonancia con el Plan de Pastoral de Nuestra Arquidiócesis y su intención fundamental en esta etapa: La Eucaristía nos mueve. Un Año Sacerdotal que quiere renovar la respuesta pastoral sacerdotal, no como agentes privilegiados o para promover una pastoral clericalista, sino todo lo contrario, para renovar nuestra vida sacerdotal a ejemplo del Buen Pastor como el Papa Francisco nos ha pedido: una nueva evangelización, toda la Iglesia unida, con puertas abiertas y en salida.

Este Año Sacerdotal tendría que recoger también los gritos, preocupaciones, llamado y enseñanzas de esta experiencia límite formada por la emergencia actual en todas sus aristas, en la cual Cristo espera pacientemente nuestra respuesta. En tiempo de crisis, las personas y comunidades respondemos desde nuestras fortalezas, sembradas por la Providencia Divina y cultivadas por las personas en concreto; la crisis deja al descubierto nuestras debilidades y carencias, pero para satisfacer las necesidades y urgencias sólo podemos hacerlo desde nuestras fortalezas, trabajando con mucha humildad y con mucha esperanza, de la mano de Cristo. Para ello, los sacerdotes tendremos que presentarnos ante Cristo y decirle lo que hemos hecho con los dones que nos entregó.

Un Año Sacerdotal puede ser la oportunidad de encontrarnos con Él, escuchar su voz llena de amor y renovar nuestra vida completa, para llegar a ser los pastores que Cristo desea y el pueblo necesita. Un Año en que nuestros corazones se unan más al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María y aprendamos de ellos la misericordia y la cercanía.

+Mons. Juan Armando Pérez Talamantes Obispo Auxiliar de Monterrey


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