TODOS CABEMOS EN EL CORAZÓN DE MARÍA

“Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Su madre conservaba estas cosas en su corazón”. Lc. 2, 19.51b

Todos sabemos que aunque la memoria podría ser el lugar propicio para guardar significativos recuerdos, no se compara con el corazón en cuanto a la capacidad de conservar la inmensa cantidad de los significativos recuerdos del amor.

María Santísima experimentó como ninguna otra mujer en la historia de la salvación el amor de Dios. Y su corazón que desde el principio fue preservado por un designio divino de toda mancha (macula, de ahí inmaculado, sin mancha) de pecado, fue un lugar privilegiado para guardar los profundos misterios del amor de Dios revelados y manifestados a los hombres en la plenitud de los tiempos.

Sin duda alguna el más grande misterio de amor que pudo albergar el corazón de la Virgen fue el Misterio de su hijo Jesucristo. Desde el primer momento, Jesús vivía en el corazón inmaculado de María; ahí el sacratísimo corazón del Redentor fue formado en el amor a los hombres y en el amor a Dios, al punto de ser capaz de exponerse a la aguda lanza de la ingratitud humana. Como una escuela de amor y como un divino crisol, el corazón sin pecado de la Virgen preparó el Sagrado Corazón del Señor.

María no solo guardaba en su corazón los misterios divinos, sino que también los meditaba. Así recreándose en la contemplación del amor divino reafirmaba su fe y robustecía su inquebrantable fidelidad a Dios.

En el Corazón de María Santísima cabemos todos, porque si su corazón fue capaz de contener la inmensidad del misterio de Jesús, ¿no podrá acaso darnos cobijo a todos los que tenemos fe en Cristo y que por su gracia fuimos hechos Hijos de Dios e hijos de ella? Contemplemos con fe y alegría el misterio del corazón inmaculado de María Santísima, nuestra madre, y con plena seguridad refugiémonos en él cuando las tempestades de nuestra vida quieran abatirnos.

En esta edición de junio hemos querido incluir en Pastoral Siglo XXI, reflexiones para guardar en el corazón. Estamos seguros que su lectura, meditación y exposición serán de provecho para usted, estimado lector.

Pbro. Eliezer Israel Sandoal Espinoza

Director Editorial

 


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