Periódico

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En el itinerario del cuarto Evangelio, así como en los sinópticos, al nacimiento y encarnación, antes de la misión pública, siguen el fortalecimiento de la identidad y la vocación. Uno de los objetivos pedagógicos del Evangelio de Juan es darnos a conocer, poco a poco, la identidad de Jesús. En cada encuentro y diálogo narrado, el discípulo que es a su vez el lector, va descubriendo quién es Jesús. Además, nos narra que Jesús con mucha frecuencia, hace referencia a la importancia que para Él tiene la claridad de su identidad y vocación.

La identidad se refiere a quienes somos en verdad, no a lo que otros dicen que somos. La vocación hace relación a la “misión” a la que se nos llama de lo alto, a la razón más profunda por la que fuimos creados y a la que somos enviados. Hemos citado antes los cuestionamientos que los enviados de Jerusalén le hacen a Jesús acerca de su identidad: “¡Dinos quien eres!” y hemos visto cómo Juan el Bautista tiene clara su identidad y refiere la mirada de sus discípulos hacia Jesús: “Él es el Cordero de Dios”, para que lo sigan. “Hemos encontrado al Mesías, que quiere decir el Cristo”, afirma Andrés a Natanael y Nicodemo busca también si la identidad y vocación de Jesús concuerda con la del Mesías esperado: “Sabemos que vienes de parte de Dios como Maestro”.

Incluso en el cuestionamiento desesperado de sus contrincantes aparece ese anhelo de conocer la identidad y vocación: “Dinos quién eres, hasta cuando nos tendrás en suspenso”. Tener una identidad y vocación clara y firme hace que Jesús trabaje y sirva en la misión con pasión, disponibilidad, convicción y valentía: “Mi Padre no descansa, yo tampoco descanso”, afirma ante quienes cuestionan su actuar. Es muy claro el contraste entre la identidad de Jesús, que se sabe Hijo amado de Dios, elegido y enviado desde lo alto a servir al pobre, enfermo, alejado e incluso al cercano, con la débil, nula e incluso falsa identidad y conciencia vocacional de los fariseos. El capítulo quinto de Juan se muestra a Jesús, su vida, identidad y misión en referencia al Padre de quien aprende y a quien obedece: “El Hijo no hace nada por su cuenta, solo hace lo que ve hacer al Padre”, En el momento del juicio ante Pilato afirma, sin miedo a las consecuencias, quién es: “Yo he venido al mundo como testigo de la verdad”. Para Jesús la identidad y misión, en congruencia con la pedagogía de la encarnación, no será fuente de distinción o privilegio ante los demás, para Él la identidad y vocación son la base de su espiritualidad que le impulsa a un permanente discipulado y misión.

Nada lo desanima: “Yo no estoy solo, mi Padre está conmigo”, afirmará cuando algunos o muchos le abandonan y su alimento, es hacer la voluntad del que lo ha enviado y llevar a cabo su obra (Cfr. Jn 4, 34). Los fariseos, en cambio, buscan su identidad no en Dios, sino en la gloria de los hombres (Cfr. Jn 5, 41) y por ello se confunden y, lejos de dar testimonio de la verdad en su ministerio, se convierten en mentirosos, “hijos de vuestro padre el Diablo”. Ellos no buscan la voluntad de Dios en su vida, no comprenden su vocación y por ello terminan buscando su identidad en modelos mediocres, falsos y débiles que no dan sentido a su vida y misión.

Todo lo que hagamos en el contexto de la implementación y ejecución de nuestro nuevo plan para fortalecer nuestra identidad y vocación será sin duda una inversión de tiempo bien hecha. De manera especial, reitero la invitación a leer con actitud de discípulos el evangelio de Juan y al hacerlo, pensemos en la identidad del mismo Jesús, de sus discípulos y de cada persona con quien se encuentra en la misión. Esta es una clave de lectura: hay que confrontar nuestra identidad y misión al leer cada capítulo del Evangelio que busca precisamente que conozcamos y creamos en la identidad de Jesús, de sus discípulos y, por tanto, en nuestra propia identidad y vocación.

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

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Los aficionados del futbol, como yo, a veces solemos separar futbol de la Iglesia porque no sabemos cómo lo aprendido en la religión aplicarlo dentro de un partido de futbol. A pesar de que vemos que algunos jugadores se encomiendan a Dios antes de un partido, como Javier “Chicharito” Hernández y Jorge Torres Nilo, debemos hacernos la pregunta: ¿En realidad se cumplen los valores cristianos dentro del mundo del futbol?

Los valores cristianos son aquellos que Dios ha querido enseñarnos. En este artículo hablaré de cómo se pueden cumplir estos valores en el mundo del futbol, ya sea como aficionado, jugador, entrenador, directivo, etc.

Uno de los valores cristianos más importantes para vivir en paz con el prójimo es la humildad. Este valor nos lo enseña Dios con la Familia Sagrada, es el claro ejemplo de una familia humilde. En el futbol se suele corromper este valor, por ejemplo, en las ruedas de prensa existen declaraciones fuertes de parte de jugadores o cuerpo técnico, las cuales solo demuestran la falta de humildad, sin embargo, no generalizo, pues existe gente que sabe comportarse a la altura y hablar humildemente.

Este contraste se suscitó en el futbol regiomontano días antes de la tan esperada Final Regia. En una rueda de prensa con los técnicos de ambos equipos, José Antonio Mohamed, director técnico de Rayados, comentó que su equipo estaba por las nubes, justificado por la gran temporada que habían realizado hasta ese momento. En cambio, Ricardo Ferretti, director técnico de Tigres, respondió: “Nosotros preferimos estar con los pies bien puestos sobre la tierra y hacer bien nuestro trabajo”. Creo que es más que claro quién puso como ejemplo la humildad haciéndose ver igual a los demás, no envidiando ni presumiendo nada y dedicándose a su trabajo.

Otro valor muy importante es la fraternidad. Este valor debe verse reflejado en los jugadores no solo con los miembros de su equipo sino con los miembros de los equipos contrarios, pues todos ellos son compañeros de profesión. Deben crear un lazo entre ellos y que lo que suceda en un partido no se vuelva personal. Esto también aplica para nosotros como aficionados, pues la falta de este valor se ve reflejado en la violencia que suele existir en los estadios. Esto se debe terminar, pues debemos respetar la decisión de los demás aficionados de apoyar a otro equipo, ya que Dios nos regaló la capacidad de elegir nuestros propios gustos.

Dentro de la fraternidad existe lo que se llama la caridad fraternal, esto es muy importante pues, como sabemos, en el futbol se mueve una gran cantidad de dinero y muchas veces se realizan tratos para beneficio propio de los dueños de estos mismos equipos. Entonces, es importante tener este valor puesto a que con esa gran cantidad de dinero se pueden realizar muchos programas de caridad. Esto es algo que se realiza seguido en el futbol mexicano, sin embargo, podría mejorar un poco más.

Así como estos valores mencionados, existen muchos más los cuales pueden aplicarse en el mundo del futbol. Practiquemos los valores cristianos nosotros como aficionados para disfrutar al máximo este gran deporte y esperemos que los jugadores y cuerpo técnico lo hagan igual para que poco a poco vaya despareciendo esta soberbia, violencia y enemistad que existe aún en el futbol.

Alberto Quintanilla

Integrante del Movimiento DEJ San Juan Bautista Cadereyta Jiménez, N. L.

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Desde el 31 de mayo del 2017, cuando mi esposa Emilia me dio la gran noticia de que seríamos padres, y más aún cuando nació Mariajosé el 20 de enero de 2018, mi vida cambió 360 grados entrando a una montaña rusa de nuevas emociones, experiencias y sensaciones que nunca me habría imaginado vivir, todas ellas muy hermosas.

Siempre mis padres me dijeron: “Espérate a que tengas a tus hijos” y hoy empiezo a entender lo que esa frase significa… amor. Hoy les quiero contar mi experiencia de fe y vida de lo que este acontecimiento ha traído a mi vida.

Me ha llamado la atención la vida de San José, el “santo del silencio”, quien tuvo la enorme responsabilidad de criar al hijo de Dios, enseñándole con obras, fe y amor. Es cierto que al inicio tuvo miedo, sin embargo, Dios le dio la fortaleza necesaria para sacar adelante a su familia, María y Jesús.

Hoy que, gracias a Dios, disfrutamos del don de la vida de nuestra hija y a mí se me ha otorgado esta gran bendición y responsabilidad de ser papá, reflexiono acerca del rol de san José en la formación de Jesús. Al igual que San José, también experimenté una sensación de incertidumbre y nerviosismo, pero también de gozo y emoción.

Conforme fueron pasando los meses, sentí cómo la presencia de Dios se manifestaba en mi vida y me daba la confianza y tranquilidad necesaria para poder cuidar y acompañar a mi esposa. Le pedía a Dios primeramente por la salud y desarrollo de la niña y posteriormente por nosotros como padres, para que nos ayudara a formar un hogar con mucho amor y que pudiéramos ser unos buenos padres para ella.

Ya con sus primeros cuatro meses de vida, Mariajosé me ha enseñado mucho más a mí que yo a ella. Entre otras cosas, quisiera resaltar tres: el amor, todo gira en torno a él. Después del amor viene la responsabilidad, en la que mis esfuerzos se enfocan en que no le falte nada a ella, que no le falte mi cariño, mi tiempo, mi amor, mi disposición por querer verla crecer y disfrutar cada etapa de su vida. Y finalmente la fe, que depositamos en Dios para que nos asista en cada momento y podamos transmitirla con nuestra vida a Mariajosé.

Todos los días han sido diferentes, crece rápido, aprende cosas nuevas, tiene más fuerza, descubre el mundo, ya nos identifica a su papá y mamá. Todos los días nos enamoramos de ella y disfrutamos cada momento que pasamos juntos. Nos interesa mucho que crezca en un entorno de amor y felicidad y constantemente le decimos que la amamos y se lo demostramos.

Pienso en mi vida y en lo feliz que soy, porque tengo la dicha de contar con mi papá, quien con su ejemplo me ha enseñado a ser un hombre con valores y en trabajar para que no falte lo necesario en casa.

Le doy gracias a Dios por darme este maravilloso regalo y darnos la oportunidad de ser co-creadores de vida y le pido que me permita ser un papá como san José, quien sepa amar y cuidar a mi hija, pero que también me ayude a educarla y prepararla con fe ante las adversidades que en la sociedad y en el mundo actual se presentan.

 

                    Daniel Castillo

Mesa Directiva de Proyección Cultural, A. C .

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Hogar y comedor de los pobres padre Infante casa INDI

“No honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez”, Obispo Crisóstomo. Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58

Pensar solo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de caridad, para realizar una vez a la semana, una vez al mes o una vez al año, son acciones valiosas y necesarias, que nos pueden ayudar a ser más sensibles acerca de las necesidades de lo más pobres, sin embargo, si esto no nos lleva a un verdadero amor por los pobres y no da lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida, podrían ser solo acciones para sentirnos bien o calmar nuestra conciencia.

La prueba de una auténtica vida evangélica es el amor hacia los más desprotegidos, a los más indefensos. ¡Y no solo eso!, es el lugar de encuentro con la fuente del amor y la felicidad: Jesús. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis…”.

El Papa Francisco ha insistido en este tema muchas veces, una Iglesia pobre y para los pobres. “Si tú quieres encontrar a Dios, búscalo en la humildad, búscalo en la pobreza, búscalo donde Él está escondido: en los más necesitados, en los enfermos, los hambrientos, los encarcelados”, dijo el Papa en una de sus visitas a un refugio y comedor para personas sin techo en Roma. El encuentro con los pobres nos lleva a cuestionar nuestro interior, nuestra manera de vivir.

La Iglesia de Monterrey cuenta con un espacio privilegiado para la vivencia del amor por los más necesitados: el HOGAR Y COMEDOR DE LOS POBRES PADRE INFANTE CASA INDI. El comedor es creado el 27 de junio de 1961 por el Padre Roberto Infante al percatarse de las necesidades de la zona cercana a la Parroquia de Santa María Goretti.

Actualmente la casa INDI, no solo brinda diariamente más de mil 500 platillos, además, se brinda  a quien lo necesita un espacio para el aseo personal, atención médica, ayuda espiritual y un lugar de reposo.

Este proyecto nació debido a un lamentable incidente de un hermano fallecido bajo el puente Bernardo Reyes. El Pbro. Felipe de Jesús Gallegos, fundador de este nuevo proyecto nos cuenta que un día de frío le llamaron para informarle este lamentable incidente. El padre sintió en ese momento una gran tristeza y quiso hacer algo, para que nunca más sucediera algo así, fue entonces cuando surgió la idea de ayudar a estas personas en desamparo, de darles un techo y comida, hombres que son migrantes centroamericanos o indigentes.

Esta Institución es en honor a este hermano que por desgracia falleció, está creada para que nuestros hermanos indigentes e inmigrantes no se sientan solos, tengan apoyo, sientan el calor de casa, sientan el cariño que el Padre Felipe de Jesús les brinda. Es por eso que él los llama hijos.

Dentro de este hogar han fallecido cinco personas a causa de su deteriorado estado de salud, sin embargo, a pesar de no tener ninguna persona cercana, encontraron en la Casa INDI, un lugar donde fueron atendidos y acompañados con amor y dignidad en este paso de la vida a la eternidad.

El Padre Felipe no se conforma; trabaja  con fe y esmero junto con su equipo en el proyecto para tener un edificio de tres pisos, donde se pueda tener más espacio para atender al creciente número de migrantes y personas sin hogar que deambulan en el área metropolitana. El primer piso será un comedor más grande para duplicar el número de lugares. En el segundo piso estarán las habitaciones de los hombres en situación de calle, mientras que en el tercero brindará refugio a niños y mujeres.

¡La Casa INDI necesita mucho de la ayuda de todos!, Puedes apoyar económicamente en la cuenta Banregio cuenta 1010 o comunicarte al teléfono 11 58 28 30 para ofrecer tu ayuda.

Atendamos la invitación de Mons. Romero, quien dio su vida por los pobres: “Hay que superar la indiferencia entre muchos que se colocan como meros espectadores ante la terrible situación. Hay que combatir el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance a los demás. Hay que volver a encontrar la profunda verdad evangélica de que debemos servir a las mayorías pobres”, (Homilía dominical, 2 de abril de 1978).

Hagamos nuestro de corazón, el amor y predilección por los pobres. Esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía.

Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Director de Información de Pastoral Siglo XXI

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Con motivo de las próximas elecciones, Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey ha promulgado la “Instrucción Pastoral Sobre la Participación Política de los Seguidores de Jesucristo” en la que exhorta a los fieles laicos a participar activamente durante todo el año en la política partidista y en la búsqueda del bien común.

El documento, que puede encontrarse en el sitio de internet de la Arquidiócesis de Monterrey, resalta la importancia de estar al tanto de la evolución de las campañas, conocer las plataformas y propuestas de candidatos, partidos y coaliciones, analizar su trabajo previo, preguntarse sobre su honestidad y capacidad.

Mons. Rogelio recomienda quitar la idea tan extendida de que es mejor no platicar de política porque eso nos divide, más bien hay que traerlo a la mesa. “Estas conversaciones nos pueden ayudar para formar rectamente nuestra conciencia y tomar una decisión informada a la hora de votar”, dice en la instrucción.

“Durante la semana anterior a las elecciones”, continúa, “tengamos acciones que faciliten la toma de conciencia, entre ellas, intensificar la oración personal y comunitaria para que, invocando la luz del Espíritu Santo, podamos cumplir con acierto nuestro deber de elegir a nuestros gobernantes”.

Si se es elegido como representante de casilla, el Arzobispo recomienda participar, y aclara que solo por causa grave “podemos abstenernos del derecho-deber de votar”.

El día de las elecciones, habrá que ir a misa antes de emitir el voto, así como hacerlo acompañado de toda la familia.

¿Cómo decidir el voto?

“Ciertamente, queremos gobernantes que nos den seguridad y garantías para nuestra paz y prosperidad, tanto personal como familiar. Pero el criterio decisivo a la hora de votar deberá ser siempre el bien común y no el particular, el beneficio del país y, en especial, de las personas más pobres y necesitadas”.

También explica que vender el voto “nos disminuye como ciudadanos y hacemos un gran daño a nuestro país. Como discípulos de Jesucristo, tenemos la obligación de señalar aquello que se aparta de la verdad y la justicia”.

“Es bueno que enseñemos nuestro dedo pintado en señal de que hemos cumplido con nuestro deber de votar; que nos comuniquemos con familiares y amigos: platicarles nuestra experiencia, animarlos a que también la vivan y que acudan a votar. Esta promoción también forma parte de nuestro compromiso cristiano”.

Sin embargo, a pesar de haber participado activamente en las elecciones, la participación política no termina en la casilla electoral, hay que estar al tanto de los resultados que se publican afuera de las casillas y evitar la información de las redes sociales que no siempre son confiables.

También hay que vigilar que las personas elegidas, que ya ocupan un puesto público, cumplan con su trabajo.

“Esta es, quizá, una de nuestras más grandes omisiones, pues con frecuencia no sabemos ni siquiera quién es nuestra diputada o diputado local, que nos representa en el Congreso”.

Es cierto que los partidos políticos están muy desprestigiados, añade, pero muchos seguidores de Jesucristo pertenecen a ellos y tratan de vivir su fe en esas instituciones.

“Este año 2018 es un año electoral, pero todos los años deben ser políticos. No podemos reducir la participación política a las elecciones; necesitamos interesarnos en los problemas de nuestra comunidad, con sensibilidad social y señalando siempre aquellas cosas que se apartan del Reino de Dios”, expresa el documento.

Finalmente termina con una oración a la Virgen del Roble y con una idea del Cardenal Robles Ortega: “Que todo lo que hagamos, el voto y nuestra participación social y política postelectoral, esté motivado por el amor, por una caridad que no se enfría. Amor que es capaz de combatir la mentira, la avaricia y la violencia con la oración, la limosna y el ayuno, como nos lo acaba de recomendar el Papa Francisco”.

 

Rocío Díaz

Equipo Editorial de Pastoral Siglo XXI

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“Les digo que entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor que Juan”

Lc 7,28

El nacimiento de san Juan Bautista marca el punto divisorio entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, así lo dijo Jesús: “La ley y los profetas llegaron hasta Juan”. A él se le ponen muchos títulos en la tradición cristiana: es el precursor (“Él es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”), el bautizador, el primo de Jesús, el último de los profetas, sin embargo, el testimonio del Evangelio nos habla de un Juan muy sencillo que comía miel silvestre y saltamontes.

Nos muestra un Juan que se sabe indigno de bautizar a Jesús y él mismo le dice: “Soy yo quien necesita que tú me bautices, ¿y tú vienes a mí?”, sin embargo, ante la respuesta de Jesús, accede a hacerlo y es precisamente esta acción la que le da sentido a su misión. A partir de entonces es Juan el Bautista, sin embargo, además de su predicación en torno al que había de venir, Juan cumple con una labor profética alterna, que es la que le lleva al martirio.

Juan era partidario de denunciar lo que él veía como injusto; su denuncia más célebre y la causante de su muerte fue “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano” Mc 6,18, le dijo al Herodes, quien había tomado para sí a la mujer de su hermano Herodías, cometiendo adulterio, por haber denunciado eso es condenado a morir decapitado.

Del testimonio de Juan se pueden tomar muchos ejemplos de vida, pero en esta ocasión, en relación a la situación actual de nuestro país y del mundo, es necesario que hablemos de la centralidad cristológica del ministerio de Juan, así como la integridad y coherencia en su ministerio profético.

En un mundo donde el individualismo y la vanidad son el pan de cada día, donde el termómetro para medir el estado de realización es la vanagloria y el número de likes que se obtienen en las redes sociales, Juan nos da ejemplo de sencillez; él sabe y dice que no es importante, al menos no en la misma medida que Jesús, sin embargo, asume su misión y la lleva a cabo de la mejor manera, nos enseña que lo más importante no es el éxito del mundo, sino hacer la voluntad de Dios aunque no luzca ni nos alaben por ello.

Sobre la coherencia de Juan, la cual lo lleva al martirio, al compararla con la realidad, nos damos cuenta con qué facilidad hoy en día disentimos de muchas cuestiones de fe. Él entendió que la fe en Dios no se divide y eso le costó la vida.

Nosotros, cada vez que estemos tentados a decir: soy católico, pero… apoyo el aborto; soy católico, pero… no me confieso; soy católico, pero… no creo en el infierno; y así con muchas cuestiones de nuestra Iglesia, tomemos el ejemplo de Juan y dejemos de dividir el depósito de la fe que como Iglesia nos ha sido confiado, que esto nos ayude a decir a quien sea necesario: no te es lícito y además que dejemos de practicar lo que no nos es lícito.

Que el testimonio de Juan nos ayude a ser humiles, coherentes y sobre a todo a no tener miedo de que el mundo nos condene, que recordemos que la única aprobación que nos es necesaria es la de Dios.

José Antonio Ortiz Coss

Diácono transitorio Diócesis de Saltillo

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Artículo del Padre Rodo García.

“Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” 
(Francisco, Gaudete et exsultate 14)

La jornada electoral que estamos por vivir tiene una complejidad particular: además de que elegiremos presidente, senadores y diputados, 30 estados tendrán elecciones locales, ocho de los cuales elegirán gobernadores para su lugar; hay en juego más de 3 mil 400 cargos; a la complejidad organizativa que tiene un evento de tal magnitud, se le suman otras razones que hacen que esta sea una de las elecciones más complejas que vive nuestro país… y estamos ahí con nuestra fe…

Una notable decepción del tema político ronda el ambiente y muchos ciudadanos no encuentran claro el rumbo que se puede dar al país; al tema de la corrupción de los políticos se suman un sistema democrático frágil y unos partidos políticos desdibujados, no habríamos imaginado algunas alianzas partidistas que se dieron en estas elecciones ni que un instrumento ciudadano como el de las candidaturas independientes pudiera ser acusado de las ilegalidades que se daban a los antiguos partidos.

Analistas serios hablan de una “diabetes del sistema democrático”, poco a poco el sistema político deja crecer una enfermedad invisible, imperceptible, que no alarma, pero que carcome la vida lentamente. El gran desinterés en las cuestiones públicas, el comenzar a apostar por vías no institucionales y a veces violentas carcome un sistema que, si bien no es el mejor, es el mejor de los que tenemos. La democracia ha sido una de las mejores respuestas que hemos dado; no es el sistema democrático lo que no funciona, sino la capacidad de cada ciudadano para vivir democráticamente.

Ya sabemos que muchas personas relacionan la palabra “política” con malas prácticas, lo que contribuye a afianzar la falsa creencia de que política y fe, espiritualidad y bien común, Iglesia y estado son opuestos que no se tocan.

Podemos encontrar católicos que no se envuelven en política, y políticos que no llevan su propia fe a la vida pública relegando sus valores a la vida privada. Pero la ciudad requiere el cuidado de todos, el interés de todos y por todos, de allí que participar se vuelve una necesidad urgente para todos, y para el católico un deber moral.

La Iglesia vive hoy una renovado y genuino interés por los temas de la vida pública y el Espíritu Santo nos va guiando a fortalecer los caminos que velan por el medio ambiente, la política, la justicia, el diálogo interreligioso y otros muchos temas. De hecho, recientemente el Papa escribió una exhortación apostólica invitando a cada uno a encontrar un camino de santidad en la trinchera cotidiana que vive; nos recuerda que se puede ser santo “luchando por el bien común” (GE 14) y que “no podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo” (GE 101). ¿Podría vivirse una vida cristiana genuina sin velar por la ciudad, o mejor dicho, por los intereses comunes de ciudadanos que uno a uno formamos la ciudad? Hoy es una urgencia participar activamente en la vida política de la ciudad.

Si bien el voto es la clave del sistema democrático, no es el único modo de participar, sino simple y llanamente el modo más básico, y por eso uno de los más importantes. Hay que salir a votar en esta jornada, tenemos una gran tarea por delante: un discernimiento personal para decidir nuestros votos (no es solo un voto, ni votar en bloque es la mejor opción); hay que favorecer un discernimiento comunitario cuando es posible; informémonos unos a otros, miremos con buenos ojos la participación política, con esperanza real; alentemos a quienes participan como candidatos a llevar sus valores a la arena pública; seamos atentos a la veracidad de la información; comprendamos el funcionamiento de las elecciones y su lenguaje; ten listos tus documentos y decide el horario en el que acudirás a votar y con quiénes lo harás… y como dice nuestro Arzobispo: “Que todo lo que hagamos, el voto y nuestra participación social y política postelectoral, esté motivado por el amor” (Cabrera, Instrucción Pastoral Participar en política, 44).

Pero tu voto no es todo… después de las elecciones se espera de nosotros una continua participación para seguir construyendo la ciudad y el país que queremos. Que no nos venza la apatía ni la decepción, como a quien no tiene esperanza. En el tema de la ciudad y de la participación política, como dice Bernardo Kliksberg: “más vale encender una vela que maldecir a la oscuridad”.

Padre Rodolfo García Martínez
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Excapilla de san José, Huinalá, Apodaca, N. L.

Artículo del Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert

Prácticamente irreconocible para el visitante, escondida para los lugareños, y todavía en pie es la capilla antigua del Señor san José en Huinalá.

#HUINALÁ
La historia de Huinalá (antiguamente escrito Guinalá) se remonta a la época anterior a la llegada de los españoles a Nuevo León. El mismo nombre, Huinalá, proviene de la presencia de los indígenas Güinalaes (o Guinalaes) “a cuyo nombre se debe a la tribu” (Treviño, Juvencio, “Apodaca eternamente”, p. 20) los cuales, junto con otras tribus, “habitaban en las inmediaciones de Monterrey” (Roel, Apuntes…, p. 13).

Ya en el siglo XVII, en los primeros años de la presencia de los españoles en Nuevo León “(…) tenemos a Don José de Treviño Quintanilla, recibiendo sus mercedes de tierra en el área de Huinalá el 25 de abril de 1604, pudiéndose considerar su primer vecino” (Treviño, p. 29); al respecto de él mismo se afirma “fue quizá el fundador de Huinalá” (Treviño, p. 20).

Ciertamente hace mucho tiempo hubo ya residentes permanentes en esta área pero Huinalá seguía siendo una población muy pequeña, así tenemos que en 1856, todo lo que hoy es el municipio de Apodaca contaba con apenas 3 mil 402 habitantes y este número abarcaba siete haciendas y la cabecera municipal (Treviño, p. 45). En 1910 Huinalá contaba apenas con mil 342 habitantes (Treviño, p. 49). Dada la escasez del vecindario es comprensible que no hubiera allí una capilla hasta el primer cuarto del siglo XX.

INICIOS DE LA CAPILLA.

El 25 de julio del año 1919 el Sr. Abraham Elizondo compró “un jacal en el que se contiene una parte sin finca que pertenece a la misma finca”, lo adquirió al Sr. Julio Elizondo quien antes lo había adquirido al Sr. Joaquín Garza. Lo pagó al costo de “250 pesos oro nacional”. Abraham Elizondo, ese mismo día donó la finca “al Sr. San José, el Santo que se venera en esta hacienda”. Todo lo anterior conforme al acta original de adquisición y donación que se conserva hasta el día de hoy en la Parroquia de san José de Huinalá.
Una grande duda surge de estas líneas ¿había una imagen de san José que se veneraba en Huinalá? ¿una imagen de bulto, un lienzo? Hoy en día no existe ninguna imagen antigua del santo; si existió, no se sabe su destino.

En Facebook existe un perfil de “Huinalá” y hace algunos años se publicó ahí una imagen de la capilla antigua, un comentario a esa foto publicado por el usuario “Martin Go Tre” indica lo siguiente: “Quiero compartir una anécdota que escuché de mi madre acerca de ésta, la primera capilla en Huinalá. Entiendo que fue construida (o patrocinada) por mi bisabuelo materno Abraham Elizondo Elizondo, como una manda por el milagro recibido de recuperar su vista. No sabemos si por accidente o enfermedad él perdió la vista por un tiempo y le prometió a Dios que si se curaba, le edificaría un templo, pues en ese entonces no había.” Este comentario coincide en el nombre del donante antes mencionado; se trata seguramente de una tradición oral familiar muy valiosa para la historia de la capilla.

Es de suponerse que de inmediato se comenzó la construcción. Al poco tiempo se realizó la bendición de la campana que, según consta en una invitación impresa, se hizo el 19 de abril de 1921 a las 7 de la mañana, la invitación es firmada “En representación de la comisión: Juan Francisco Elizondo y Gorgonio Elizondo”.

MODIFICACIONES PAULATINAS.

En algún momento se cambió el antiguo techo de terrado por el actual de losa, dado que el anterior estaba ya en muy mal estado. Junto con este cambio se eliminaron las vigas de madera que sostenían el techo original. En toda esta área es notable el grosor de las paredes de sillar.
La capilla antigua tenía su puerta principal hacia el sur y una puerta lateral hacia el poniente, es decir, hacia la plaza. Hacia el sur se agregaron cuartos, es decir, hacia la calle Félix U. Gómez. Al frente, es decir, hacia el poniente, de todos estos cuartos se le agregó un techo con columnas a modo de pórtico.

Lo único que evidencia hoy que esta área fue una capilla es en la parte norte un elemento arquitectónico muy pequeño coronado por una cruz arriba de la puerta lateral. El pórtico mencionado lo esconde un poco y solo puede ser percibido desde la plaza.

Se construyó la capilla nueva 50 años después, que hoy es el templo parroquial. Así, la capilla antigua cayó en desuso conservándose para otros fines: uno de ellos era el de ser capilla de velación, pero además se usó como bodega.

OFICINAS PARROQUIALES.

Hoy la capilla antigua es la oficina de la parroquia. En el interior lo único que evidencia que la oficina parroquial fue capilla es una aguabenditera que se esconde detrás de uno de los monitores de una de las computadoras.
Huinalá, con el paso del siglo XX, pasó de ser un pueblo aislado a ser un pueblo rodeado de colonias populares, incluida la enorme colonia de Pueblo Nuevo. En esta última colonia se erigió hace años la parroquia de santa Clara de la cual dependía eclesiásticamente Huinalá, y así hasta hace poco tiempo cuando se erige la parroquia de san José. Ahora, la “capilla nueva” es la parroquia.
En todo el complejo, al parecer, no se conservan piezas patrimoniales antiguas.

Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert
Facebook: Centro de Investigación Histórica


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