SAN JOSÉ LA POPA, MINA, N. L. SEGUNDA PARTE

CAPILLAS ANTIGUAS XXIII

Continuamos con esta introducción a la historia del edificio y del patrimonio de la capilla antigua de La Popa, Mina, N. L. Para ello necesitamos hacer una referencia a la capilla nueva.

LA NUEVA.

La comunidad construyó en la segunda mitad del siglo XX una nueva capilla en un terreno dado por un vecino que se mudó a Hidalgo, N. L. buscando mejor fortuna. La construcción debió de comenzar después de 1962 fecha del documento ya mencionado. El donante tenía un cuarto en la esquina sur poniente del terreno, este cuarto luego sirvió de curato. Mide 6 de frente por 4 de profundidad y habría que agregarlo también a los edificios históricos de nuestra Arquidiócesis. Lo utilizaba como habitación el P. Benjamín Tapia, párroco de Hidalgo de 1939 a 1982, cuando iba a La Popa.

El objeto más valioso de la capilla es la imagen patronal de San José. Es una pequeña imagen de cerca de medio metro de altura con el niño en su mano izquierda. Algunos sacerdotes que fueron párrocos de Mina afirman que la imagen debió de haber sido restaurada hace unos 15 años, ya que cuando visitamos la capilla no fue posible sacarlo de su vitrina de vidrio y metal, y no revela su antigüedad por la restauración realizada. Posee una corona que dice su nombre “Sr. San José”, las dos letras “S” están giradas sobre su eje vertical como si se trataran de la letra “Z”. La imagen además posee cetro. El niño a todas luces se ve muy reciente y comercial. La capilla nueva posee un muy bien logrado altar preconciliar de madera.

En el curato hay algunos otros objetos litúrgicos antiguos como candelabros de latón y los cuadros (llamados sacras) con textos impresos usados antiguamente para la celebración de la Misa, además de un ropero de madera y una máquina de coser Singer.

Regresemos a la imagen patronal, al menos viéndola, no revela su antigüedad y así nos quedan algunas dudas ¿qué tan antigua es la imagen? Y por lo tanto ¿Qué tan antigua es la capilla en ruinas que antes la albergó? Los documentos nada dicen al respecto. Las visitas de los obispos en el siglo XIX a la parroquia de Hidalgo no mencionan la capilla, apenas se menciona la de Mina, mucho menos la de La Popa.

INFORMES PARROQUIALES A LA CURIA

El 11 de septiembre de 1933 envío a la Curia un informe el Pbro. Rafael Rodríguez, párroco de Hidalgo, en este menciona “voy a Mina dos o tres veces al mes y a La Popa cada tres o cuatro meses”, además menciona la existencia de catequesis para los niños “en Mina, Los Guerra y La Popa”.

El 5 de octubre de 1949 el P. Benjamín Tapia, párroco del mismo lugar, da un dato importante “la gente bautiza a sus niños pues salgo a todos los ranchos” de tal manera que con certeza, en la capilla en cuestión, hubo bautizos. No hemos encontrado en el Archivo Histórico registro de bodas y mucho menos de confirmaciones.

Así la mención más antigua en documentos de la capilla expresamente mencionada son las escrituras de 1962. Seguimos con la duda ¿de qué año será la capilla antigua? El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no tiene en su catálogo de monumentos históricos ningún edificio registrado en La Popa. Habría que esperar análisis de expertos para que analicen la construcción.

Pero en este punto de la investigación encontramos en la capilla nueva lo siguiente:

EL TESORO DE LA POPA.

Cerca de la ya mencionada imagen del Sr. San José apareció el tesoro. Este tesoro está conformado por nueve milagritos, sí, pequeños objetos de poco valor monetario pero que son un testimonio inequívoco del aprecio que los habitantes de este lugar, de sus familias y de los que han emigrado y quienes al regresar dejan huellas de su fe por esta imagen del Sr. San José.

Los nueve milagritos son nueve monedas antiguas. Si se buscara su precio comercial hoy sería de apenas unos mil pesos todo el conjunto, o mucho menos; ya que las nueve están perforadas para poder colgarse como se acostumbra con los milagritos en un lugar adecuado cerca de la imagen del santo a quien se reconoce un favor o una gracia.

El mayor valor de estas nueve monedas no es su valor económico actual, sino la información que dan acerca de la existencia desde hace siglos del culto al Sr. San José y su capilla antigua. Las nueve monedas son muy pequeñas, la más grande posee 21 mm de diámetro y la más pequeña 14 mm. Probablemente por su dimensión reducida habían pasado desapercibidas. Las nueve monedas son:

  1. Moneda de 10 centavos, la fecha no se distingue bien, al parecer de 1895. Es de la Casa de Moneda de Zacatecas recordando que en nuestro país hoy sólo contamos con la Casa de Moneda de México, pero en algunos momentos de nuestra historia hubo más lugares de acuñación.
  2. Moneda de 5 centavos del año 1889 de la Casa de Moneda de San Luis Potosí.
  3. Moneda de 5 centavos de 1883 de la Casa de Moneda de México.
  4. Moneda muy dañada del año 1868 al parecer de la Casa de Moneda de México, no fue posible determinar su denominación.
  5. Moneda de 5 centavos del Imperio Mexicano encabezado por el Emperador Maximiliano, recordemos que este período del país duró solamente de 1864 al año 1867.
  6. Moneda de la sexta década del siglo XIX. Ilegible el último número de la fecha (186?); de la Casa de Moneda de México posee al reverso la leyenda “República Mexicana”, al frente el gorro frigio y la leyenda “Libertad”.
  7. Una moneda de un Real muy dañada, al reverso posee el escudo del águila y la serpiente con la leyenda “República Mexicana”, de la Casa de Moneda de México.
  8. Una moneda de la Nueva España, previa a la Independencia nacional, del rey Fernando VII, con valor de un Real; él reinó desde 1808 hasta la Independencia de México.
  9. Medio Real del Rey Carlos IV de España, moneda colonial del año 1795 hecha en la Casa de Moneda de México.

Nunca habíamos encontrado en ningún templo arquidiocesano ni milagritos tan antiguos y mucho menos monedas sirviendo como milagritos, que daten del Imperio Mexicano o de la época colonial. Nunca habíamos encontrado monedas que se hayan conservado en lugares de culto por tanto tiempo.

La existencia de estas monedas colocadas cerca de la imagen del Sr. San José de La Popa, sugieren la existencia de un culto por lo menos desde hace un par de siglos, considerando que la moneda más antigua es de 1795 y pudo haber llegado a La Popa hasta la época de la guerra de Independencia; con la cual habrían dejado de tener cualquier valor y por lo tanto o se dejaban de traer en el bolsillo, o se dejan en un lugar como este, donde ya no era necesario tener un valor comercial.

Alguien pudiera pensar, y con justa razón, que no necesariamente esas monedas llegaron ahí hace dos siglos, alguno pudiera afirmar que una persona las puso ahí el mes pasado o hace una semana. Pero a favor de la tesis presentada argumentó que esas monedas dejaron de ser moneda circulante hace muchos años, un coleccionista no se desharía de ellas por ningún motivo y mucho menos para que fueran condenadas a ser perforadas. La lejanía de La Popa sugiere, por el contario, que esas monedas fueron colocadas a los pies de la pequeña imagen en la capilla antigua y al mudarse la comunidad a la capilla nueva lo acompañaron como testigos de la fe del pueblo. Pero además siendo un tesoro de información: esa es la importancia del tesoro de La Popa… la información que brinda. Así propongo considerar el origen del culto y de la capilla antigua a los primeros años del siglo XIX.

Hay otro detalle que posee mucha importancia en el sentido de no suponer la capilla tan antigua como la población misma: el cementerio. El cementerio no está ni estuvo en relación con la capilla antigua, el lugar para los difuntos está fuera de la pequeña población. Los vecinos comenzaron a morir antes de que hubiera una capilla adecuada, si no los hubieran sepultado en la misma, como se acostumbraba antes de las leyes de Reforma.

De común acuerdo con el párroco de Mina las nueve monedas fueron trasladadas al Museo Arquidiocesano de Arte Sacro para su limpieza, resguardo y pronta exhibición.

Un último comentario acerca de la capilla antigua: será para la Arquidiócesis un reto restaurarla pero definitivamente vale la pena. Ya tenemos dos en ruinas y ambas ameritan la atención de la Iglesia regiomontana.

Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert

Centro de Investigación Histórica CIHAM


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