QUE TODA MUJER SEA RECONOCIDA COMO ISHA BETEL: CASA DE DIOS

Blanca Elva Cerda Valdez

La amo. Sé que la amo. Ayer la volví a ver. No hay muchacha en todo Nazaret como ella. Su rostro es como una de esas flores blancas que se recuestan en las colinas cuando es primavera. Su nombre es María. Estaba con sus amigas, junto al pozo. Escuché su risa; el fondo del pozo la llevó a mis oídos. Su eco me llenó de alegría. Entonces me miró. Fue como si el sol me tocara en pleno medio día… 1

Así se expresa José cuando habla de María, con amor, admiración y ternura, sin saber aún que era la elegida para ser la Madre de Jesús, el hijo de Dios. Y qué gran ejemplo nos da acerca del trato hacia la mujer, quien junto con el hombre son la más hermosa creación de Dios y el principal elemento de la sociedad, la cual no puede funcionar sin el equilibrio perfecto que son los dos trabajando por igual.

No se trata de ser superiores ni de entablar una competencia desmedida por quién es mejor, sino de resaltar nuestras virtudes viviendo plenamente en armonía, igualdad y paz en la sociedad, desarrollándonos día a día para ser mejores seres humanos en un mundo donde el amor, la aceptación y la tolerancia deben ser los protagonistas.

La misión de la mujer en el mundo es dar vida, enseñar, guiar, inspirar, es el corazón que nutre, protege, que da calor, atención. Tanto hombres como mujeres procedemos de una mujer. A quien el Señor le ha permitido ser madre es privilegiada y honrada de ser elegida para llevar en su cuerpo una nueva vida.

El rol de la mujer a lo largo de la historia ha ido evolucionando de acuerdo con el don y llamado que Dios nos ha dado; en la actualidad somos estudiantes, profesionistas, emprendedoras, independientes, trabajamos o decidimos dedicarnos al cuidado de los hijos, somos transformadoras de la sociedad y así, revelamos el plan maravilloso que Dios tiene para cada una, dándonos ese diseño divino para nuestra feminidad.

Lamentablemente, existen ideologías, como el machismo, donde la mujer es cosificada, por muchos hombres, vulnerando su dignidad, su integridad, su esencia e ignorando el empeño y dedicación que Dios ha puesto en ella, razón suficiente para no ser considerada inferior al hombre. Dios no creó a la mujer débil, aunque su anatomía se considera frágil, comparada con la del hombre.

Es tiempo de aclamar con responsabilidad el respeto y dignidad para todas las mujeres que son ultrajadas y abatidas, las mujeres nos recordamos que somos únicas, bellas por dentro y por fuera. Que no tenemos límites ni nadie quien nos limite. Que somos las mujeres del presente, las hijas predilectas, las madres amorosas, las amigas incondicionales, las esposas y/o compañeras de aventuras de vida, las nietas queridas y adoradas, y sobre todo somos nosotras mismas en su máxima expresión.

Es tiempo de reconocer que toda mujer es Isha Betel: Casa de Dios y que merece ser tratada como tal, pues una mujer es un ser humano llena de virtudes que merece días enteros de entrega y dedicación.

Convencida estoy que en este tiempo más que en ninguno, la mujer posee todos los recursos para brillar con esa luz propia que su Creador puso en ella sin importar que en este siglo muchos, valiéndose de su liderazgo, busquen opacarla.

Por ello es importante decirles a las mujeres de hoy en día: levanta la cabeza, sonríe, ámate, sé feliz, lucha por alcanzar lo que quieres, vete de donde no te valoren, alza la voz, reclama tu lugar en la sociedad. Es tu tiempo, pues cuando Dios te creó, se lució contigo…

1 Testigos del Señor Jesús, Enrique Ponce de León Garciadiego, S.J., 1999


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