MENSAJE DE ESPERANZA DE LA VIRGEN DE FÁTIMA

Cada ocasión que nos toca enfrentar situaciones que atentan contra la humanidad es común escuchar que se aproxima el fin del mundo, o que estamos en la antesala del fin de nuestra era, por ello hemos de poder detenernos y recobrar el valor de nuestra fe que podemos vivir y expresar. 

Hace más de un siglo el 13 de Mayo de 1917 la Virgen María apareció por primera vez ante la mirada de tres pastorcitos (Lucía, Jacinta y Francisco) en Cova da Iria cerca del pueblo de Fátima en Portugal. Sus apariciones sucedieron en 6 ocasiones los días 13 de cada mes. En estos encuentros se les ha comunicado lo que se conoce como el “Secreto de Fátima” que para su revelación/publicación y nuestro conocimiento se dividió en tres partes. En la primera trata de la Visión del Infierno, la segunda la Consagración del Inmaculado Corazón de María, y en la tercera la visión profética de un atentado. 

Este tipo de apariciones y signos sobrenaturales pintan nuestra historia, porque entrelazan los hechos humanos y el camino de la vida en el mundo, dejando expectantes a todos. Estas manifestaciones no contradicen el contenido de la fe, sino que, confluyen hacia el objeto central del anuncio de Cristo, este es: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial. Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio.

El mensaje de Fátima confirma el amor maternal y el interés de nuestra Madre Celestial, que desea la salvación de todos sus hijos. Las visiones que nos han presentado como testimonio, pueden provocarnos angustia al inicio, pero en realidad nos están invitando a la esperanza. Nuestra vida esta acompañada de alegrías y dolores, gozos y sufrimientos que en la Cruz y dolor de nuestro Señor han tomado un nuevo sentido, un sentido de purificación y de renovación,  ya que es una actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica.

La Virgen de Fátima nos ofrece una respuesta con tinte de esperanza para las situaciones que nos aturden y que nos damos cuenta que sólos no podemos atender. Viene a irrumpir con su hermosa presencia en nuestras vidas y nos hace compañía en nuestro camino al cielo. Nos inivita a recibir la eucaristía y rezar el rosario cada día por nosotros y por nuestros hermanos.

Queda claro que su mensaje es la exhortación a la oración como camino para la salvación de las almas. Así, ante lo que nos toca enfrentar,  es necesario que nos abramos al actuar de Dios en compañía de María esperanza nuestra, en la vida y en la muerte. 

+Mons. Oscar Efraín Tamez Villarreal.

Obispo Auxiliar de Monterrey


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