LA VIDA CONSAGRADA: UN CAMINO DE SEGUIMIENTO DE JESÚS

Aletheia López Valdivia,vc

Orden de Vírgenes Consagradas

Al reflexionar sobre la vida consagrada parece inmediato conectarnos con la palabra vocación, y ciertamente son inseparables, porque la vida consagrada es una respuesta a una vocación, es decir, a un llamado de parte de Dios al que hay que responder.

Durante años hemos entendido por vocación ser religiosa o sacerdote, sin darnos cuenta que nuestra vocación por excelencia, gracias a nuestro bautismo, es la santidad, seguir a Cristo; Él es nuestra verdadera vocación, nuestra auténtica y profunda felicidad; y para realizarla plenamente, hay distintos caminos: el matrimonio, la soltería, la vida consagrada y el sacerdocio. 

Uno de estos caminos es el de la vida consagrada, y es que desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que intentaron, con la práctica de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, seguir con mayor libertad a Cristo e imitarlo con mayor precisión.

En esta aventura que es la vida consagrada, a la que Dios me llamó y a la que con ingenua valentía dije que sí, veo este itinerario:

Para seguir a Cristo, primero hay que buscarlo… como Juan, un joven inquieto y radical que era pescador y que seguía al Bautista, pero buscaba al Mesías prometido; como Aletheia que entre el beisbol, los libros y sus sueños revolucionarios buscaba respuestas a las interrogantes de la vida: ¿Por qué nací? ¿Para qué vivir? ¿Qué tengo que aportarle al mundo?

Y el que busca, encuentra… Y en esa búsqueda, un día cualquiera, Juan encuentra a Jesús y corre tras él, con toda la alegría, impaciencia, energía y esperanza de su juventud; o como Aletheia, quien con mucho aburrimiento fue a una Hora Santa y solo pensaba en todas las cosas importantes y entretenidas que podría hacer en lugar de perder el tiempo en la Iglesia.

Conocer a Alguien… Juan, al decidirse a conocer a Jesús, ver cómo vivía, qué decía, cómo actuaba, qué amaba o Aletheia que empezó a experimentar la libertad que tanto soñaba, a experimentarse incondicionalmente amada, de aceptar poco a poco la gratuidad del amor y emprender un nuevo reto, inacabado por cierto, de amar a los demás como Jesús.

Como explicaba San Juan Pablo II: El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos de sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida.

Y así, en este itinerario doy testimonio de que como Juan o como Aletheia, o como Bryan o Lupita, cada uno de nosotros tenemos diferentes historias personales, virtudes y defectos, son muchos los caminos, pero el único fin es Jesús. Mi vocación es Jesús.

Aletheia López Valdivia,vc

Orden de Vírgenes Consagradas


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