LA PRIMERA MISA DE UN NUEVO SACERDOTE

Por Víctor Isaí Herrera Vázquez

Desde hace más de medio siglo, cada día,
a partir de aquel 2 de noviembre de 1946
en que celebré mi primera Misa
en la cripta de San Leonardo de la catedral del Wawel en Cracovia,
mis ojos se han fijado en la hostia y el cáliz en los que, en cierto modo,
el tiempo y el espacio se ha «concentrado»
y se ha representado de manera viviente el drama del Gólgota,

desvelando su misteriosa «contemporaneidad»”.
SS JUAN PABLO II

La Iglesia vive de la Eucaristía, n.59

INTRODUCCIÓN-
La primera misa de un nuevo sacerdote, es un acontecimiento que no puede ser considerado como una devoción personal este momento tan esperado. La celebración en sí misma va mucho más allá de cualquier cualidad o deseo humano: Es el Misterio Pascual celebrado (pasión, muerte, sepultura y resurrección de nuestro Señor Jesucristo). Es acción de Jesucristo, que tiene su realización en nuestro tiempo y en nuestra historia. Esto todo nuevo sacerdote vivirá a lo largo de su caminar y ejercicio ministerial.

Aún habiendo explicado esto, si me gustaría detenerme en ciertos detalles que hacen de la primera Misa de todo nuevo sacerdote, una constante acción de gracias a Dios.

RITOS INICIALES
Mucho antes de todo, es tradición que el nuevo sacerdote, solicite la bendición a sus padres, al mismo tiempo en que él les bendice también. Es la familia, el primer seminario, es la familia, quien también acompañará la vida sacerdotal.

Comúnmente el que va a presidir (preside, porque va a estar unido a Jesús, cabeza del cuerpo de la Iglesia), preside la Eucaristía (Acción de Gracias) haciendo presente en toda la comunidad reunida, el misterio de Salvación. Por ello, un gesto es el bendecir las -vestiduras litúrgicas- que se usarán en dicha celebración: la estola es imagen del yugo leve y suave del Señor, y signo de la autoridad, poder y responsabilidad que asume el nuevo sacerdote como pastor. La casulla, por su uso al celebrar la Eucaristía, ha hecho que se vea en ella, a la Iglesia, vestidura humana de Cristo.

Toda procesión de entrada, no es un desfile, es el gesto más elocuente de toda la Iglesia: caminamos con Cristo hacia la Jerusalén celestial. Esta procesión se hace en este sentido. Es la primera vez que el sacerdote besa el altar, el “encuentro entre el ministro y el Misterio”.

En estas Misas, se percibe la activa participación de los fieles y del clero, reunidos en torno al altar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Las lecturas de ese día, o algunas elegidas con anterioridad, respetando los lineamientos correspondientes, iluminan la acción de Dios en nuestra actualidad. Es el nuevo sacerdote, quien, al presidir la asamblea, tiene la función de la predicación ese día, la cual puede realizarla otro de los sacerdotes presentes, resaltando la acción de Cristo en su Iglesia. La oración de los fieles, en sus intenciones, tendrá presente la comunidad que celebra y por quienes forman toda la comunidad eclesial.

LITURGIA EUCARÍSTICA
Es también un signo para este tipo de celebraciones, que un grupo presente un nuevo cáliz y una nueva patena y les coloquen en el altar, el nuevo sacerdote u otro de los presentes, bendecirá antes de utilizarlos en la celebración eucarística, dichos vasos sagrados, son para el culto eucarístico, no por la persona del nuevo sacerdote.

Antes de la renovación del Concilio Vaticano II (hace más de 50 años), no existía la concelebración. Cada sacerdote celebraba la santa Misa solo, si había más sacerdotes, asistían solamente, pero no concelebraban, así que uno de los grandes cambios en la liturgia fue esto, la concelebración. De hecho, para el nuevo sacerdote, su primera participación en la plegaria eucarística no es en su primera Misa, sino en la misma Misa de la ordenación presbiteral, donde participa junto con su Obispo y los demás sacerdotes de la plegaria.

La sagrada comunión este día de la primera misa, para resaltar el gesto de banquete eucarístico, el nuevo sacerdote distribuye bajo las especies del Pan y Vino consagrados.

RITOS CONCLUSIVOS
Después de la oración después de la comunión, si acaso el nuevo sacerdote no predicó, se acostumbra que dirija unas palabras agradeciendo el misterio celebrado en la fe. Es un buen momento para también agradecer a Dios su acción en medio de la comunidad y seguir pidiendo por las vocaciones al ministerio sacerdotal.

-A MANERA DE CONCLUSIÓN-
La primera misa de muchos sacerdotes es celebrada de manera solemne con la comunidad donde han vivido la experiencia en el caminar de la fe, otros, han tenido a bien, celebrar, con sencillez y belleza, en torno a un pequeño grupo: su familia.

Se le llama también “cantamisa” pues gran número de oraciones e intervenciones del sacerdote, pueden ser cantadas por el nuevo sacerdote.

También es parte de este día, al terminar la celebración comunitaria, el gesto del “besamanos” o el solicitar al nuevo sacerdote la bendición.

Concluyo estas líneas recordando lo que dice la oración colecta en la misa por el sacerdote celebrante: “Padre santo, tú que me has no por méritos míos sino por gracia tuya, a participar del eterno sacerdocio de Cristo en el servicio de tu Iglesia, concédeme anunciar tu Evangelio con bondad y valentía 
y administrar con fidelidad tus sacramentos. 
Por nuestro Señor Jesucristo. R. Amén”


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