ENTREGA DE PARROQUIA EN TAMPICO

“Una parroquia debe ser una comunidad feliz”

Tampico, Tamaulipas. (www.pastoralsiglo21.org).- 8 de febrero 2019. Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey y Administrador de la Diócesis de Tampico, viajó a esta diócesis para realizar la entrega de una parroquia y cumplir con otras tareas pastorales.

“En esta celebración eucarística le entregamos la responsabilidad de la Parroquia al Padre Carlos como administrador parroquial, así qué podemos preguntarnos ¿qué quiere decir que sea administrador?, yo lo soy de la diócesis, el padre de la parroquia.

“La iglesia siempre es muy prudente y no quiere que una comunidad carezca de pastor. Por eso cuando Mons. Dibildox cumplió 75 años y se encontraba enfermo y débil, el Papa me nombró administrador apostólico; lo mismo sucede aquí en esta parroquia. Al ser trasladado el padre Daniel a otra parroquia, tiene que quedar un pastor propio que la guíe.

“Sin embargo, está la pregunta de porqué administrador y no párroco. Quise tener en cuenta dos cosas: él nunca ha sido párroco, es su primera responsabilidad y habemos un grupo de obispos que preferimos esperar a que un sacerdote se forme en la guía de la comunidad como administrador antes de nombrarlo párroco; la segunda razón es para que sacerdote una vez que entra a servir a la comunidad vea si se siente cómodo y preparado para este servicio. El padre Carlos tiene otras responsabilidades diocesanas y va a ver si es posible compaginar ambas responsabilidades. La idea es que él vea si es posible le tener ambos oficios”.

“El Padre Carlos tiene la tarea de ayudar al pueblo de Dios a mirar y aspirar a las cosas del cielo. No somos un club de amigos o una organización humana, sino la Iglesia de Dios que es anuncio de la vida del cielo. El sacerdote los tiene que elevar al cielo sin dejar de pisar la tierra. Siempre tiene que anunciar la resurrección del Señor y la vida eterna, de otra forma quedamos en una sociedad de amigos que se apoyan. No podemos olvidarnos de la vocación celestial y debemos siempre desear y mirar al cielo”.

“La segunda nota que debe caracterizar a una parroquia es lo que oímos en el santo evangelio: tiene que ser una comunidad feliz, dichosa y que vive de acuerdo al proyecto de Jesús. Una comunidad feliz y no amargada, una comunidad alegre. Pero esta alegría debe ser seguir los pasos de Jesús: dichosos los pobres, los que lloran, los que tienen hambre. Parece una contradicción a los parámetros de felicidad. El verdadero creyente sabe ser feliz en su vida: alegre cómo está, con lo que tiene y contento siempre de servir. Por eso el párroco es responsable de hacernos felices, no de dividirnos por opiniones”.


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