SOBRIEDAD Y AUSTERIDAD

Mons. Rogelio Cabrera López

La etapa histórica que vivimos despierta en el interior muchas inquietudes, tantas que a veces ya no alcanzamos a ser conscientes de nuestras necesidades y respondemos de manera compulsiva a propuestas diversas. En esta dinámica tecno-consumista, reinante en nuestro tiempo, se diseñan estrategias para estimular las áreas inconscientes de nuestro cerebro, el cual responde con una señal de deseo, llevándonos a reacciones semi-inconscientes, como en un estado hipnótico, digamos por ejemplo, para comprar un producto. El Papa Francisco nos invita a reflexionar lo que Romano Guardini pensaba a mitad del siglo XX: “… el ser humano ‘acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y lo acertado’” (LS 203). Estamos ante la estrategia y dinámica consumista y sentimos que nuestra ansiedad es lo racional y correcto.

La ansiedad que vivimos solo se satisface consumiendo, de tal manera que al poco tiempo nos descubrimos rodeados de falsas necesidades, productos materiales, ideologías, maneras de hablar, de vestir, megaproyectos y proyectos con los que buscamos imitar estilos o apariencias que nos son propias. Mentes obtusas llenas de rencores, propuestas individualistas sin comunidad; espíritus ansiosos llenos de mundanidad y ebrios de materia y de sí mismos, sin trascendencia y alejados del Dios de la vida. El camino de la mundanidad es uno de los grandes riesgos en nuestro camino ministerial.

En la encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco hace una invitación a un cambio de vida a todos los que habitamos esta casa común, actualizando el llamado a la santidad en nuestros tiempos, con una fuerte carga espiritual. Según el camino de la enseñanza evangélica, el vino nuevo, necesita odres nuevos (cfr. Mt 9, 14-17), así como una nueva manera de vivir, necesita una nueva educación y nuevos aprendizajes. Preguntémonos: ¿Cuáles son los nuevos aprendizajes necesarios para vivir una vida profético-contemplativa? Les propongo, como un camino a la santidad, reflexionar y meditar Laudato Si’, así como orar de su mano, por el mensaje de santidad tan actual que contiene. Especial atención merece el sexto capítulo llamado Educación y Espiritualidad Ecológica. Subrayaré enseguida algunos puntos que me parecen importantes sobre ella y así plantearnos un primer compromiso sacerdotal.

En primer lugar, la vida profético- contemplativa tiene cuatro características: libertad, austeridad, sobriedad y gozo. Estas nos liberan de la dinámica de consumo, de ansiedades, estrés y falsas necesidades, permitiéndonos distinguir el justo valor de las cosas, reconociendo el valor de las personas en el centro y la distinción entre lo necesario y lo superfluo para una vida digna en camino de santidad. Facilita además que tengamos el equilibrio personal necesario, la salud mental y espiritual y la libertad de los hijos de Dios, para desarrollar los dones recibidos en justicia, solidaridad, subsidiariedad, reconciliación y

misericordia, cultivando el gozo y la paz como frutos del Espíritu Santo.

En segundo lugar, el cambio de época que estamos viviendo, exige de nosotros, como respuesta, el reconocimiento de los desvíos, el arrepentimiento personal y comunitario y el compromiso firme y decidido por la santidad de vida que el Espíritu Santo ha inspirado en todas las ocasiones en que los cristianos han sufrido las consecuencias del alejamiento de los caminos divinos y en épocas de persecución.

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey


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