EL COVID-19 MEDICAMENTO PARA EL ESTRUENDO

“La humanidad, está enferma de estruendo”, dijo Kierkegaard, filósofo y teólogo danés, estruendo que manifiesta un estilo de vida lleno de estrés, indiferencia, soberbia, orgullos y un ritmo de vida acelerado que nos deshumaniza, nos aleja  y nos hace desconfiados.

Sabemos ciertamente que el COVID-19, no es deseado, mucho menos es algo que en sí mismo provoque algo positivo en las personas, pero las medidas necesarias que hemos sido obligados a tomar, como resguardarnos en casa, ha producido reacciones positivas y beneficiosas a nivel personal, social, incluso para nuestro planeta.

Bastaría con mencionar la oportunidad de convivencia en el núcleo famiiar, que ha generado el aislamiento social, con ello, la oportunidad de diálogo, cercanía. Ciertamente hay familiares que no podemos visitar, pero también nos ha ayudado a valorarlos y esperar con ansias el momento de llegar y poder darles un abrazo, y tal vez cuidar más esa relación con nuestro amor.

En el aspecto personal, esta pandemia llega para cuestionarnos, para realizarnos tantas preguntas relacionadas con nuestra existencia, nuestra misión, nuestros afectos y defectos. Ojalá no seamos sordos a nuestro interior, en el cual se encuentra la voz de Dios. Sí, es muy difícil el aislamiento, pero es peor el poder salir a las calles y no poder conectar con los demás desde lo más profundo de nuestro ser, viviendo en la superficialidad, desde el vacío interior, tratando de ser llenado con el estruendo que ofrece.

Que decir del medio ambiente, según cálculos del Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA) en Estados Unidos, el cierre de fábricas y comercios en China, al igual que las restricciones de traslados aéreos impuestas (se estima que entorno al 5% de la contaminación del mundo pertenece a los aviones) ha producido una disminución en las emisiones de CO2 de, al menos, un 25%, debido a reducción en el consumo de combustibles fósiles como petróleo, gas o carbón, entre otros, una cifra que representa, a nivel global, una reducción del 6% aproximadamente.

No podemos olvidarnos de los beneficios espirituales, pudiera decir alguien, “¡pero cómo!, si se han cancelado las eucaristías públicas y se han suspendido gran parte de las actividades en las parroquias”, ciertamente, pero esto ha provocado que seamos creativos y sigamos viviendo nuestra fe en la intimidad de nuestro hogar, siendo verdaderas iglesias domesticas. Hay un meme que se ha hecho viral en el que dice el demonio: “he cerrado todas tus iglesias”, y Dios Padre responde: “pero he abierto una Iglesia en cada hogar”. Este ayuno eucarístico nos esta ayudando a valorar más la presencia de Dios en la Santa Misa y demás sacramentos. Solo imaginemos ese momento en que podremos estar de nuevo reunidos como comunidad recibiendo el Cuerpo de Cristo, solo de pensarlo se estremece el corazón.

Sí, ciertamente este coronavirus generará muchas cosas negativas, desempleo, crisis económica, perdidas de vidas, etc., pero no dejemos por ello de tratar de sacar lo mejor de esta experiencia. La caridad, la comunión y nuestra fe le da sentido a este acontecimiento.

Finalmente, deseo concluir este editorial con unas palabras del Papa Francisco en su mensaje dado en la bendición extraordinaria ‘Urbi et Orbi’: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades”.

Deseamos que esta edición de Pastoral Siglo XXI, lleve un poco de esperanza a tú hogar y tú corazon.

Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Director Editorial


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