Nacional

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México (www.pastoralsiglo21.org).- 23 de mayo 2019. En la sede la Conferencia del Episcopado Mexicano se lleva a cabo la Asamblea Nacional de Clero 2019. La Dimensión episcopal del Clero, anualmente realiza este encuentro al que asisten los sacerdotes encargados de la Pastoral presbiteral o Formación Permanente del Clero.

La temática para este año es: “EL PRESBÍTERO MEXICANO, ENTORNO A SUS INCIDENCIAS HUMANAS”, en la que se ahondará los problemas psicológicos, afectivos sacerdotales entre otros que inciden en abusos de autoridad, de conciencia y sexual. Con exponentes expertos en la materia.

Oremos por los participantes de este encuentro y por todos los sacerdotes, para que tenga un corazón siempre dispuesto a servir y una sana madurez humana.
#IglesiaDeMéxico

Rocío DíazRocío Díaz5 mayo, 2019
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Ciudad de México (www.pastoralsiglo21.org) 4 de mayo del 2019.- El amor apasionado que Concepción Cabrera de Armida le profesó a Jesús y su deseo de darlo a conocer a todos los hombres, fue el sello que marcó su vida y la Iglesia Universal reconoce sus virtudes al otorgarle el grado de Beata, convirtiéndose así en la primera laica mexicana en llegar a los altares.

La misa de beatificación se celebró en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, presidida por el Cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, y en la que participaron más de 80 obispos.

En su homilía, el Cardenal Becciu la recordó como “una figura maravillosa en sus diferentes aspectos de esposa, madre, viuda, inspiradora de institutos religiosos y de iniciativas apostólicas”.

En la misa estuvieron presentes la nieta de Conchita, la Hermana Consuelo Armida, y Jorge Treviño, el hombre que recibió una curación milagrosa por intercesión de la ahora beata.

“Para Conchita la felicidad consistía no en seguir sus propias inspiraciones, aunque santas, sino en conformarse al proyecto que Dios tenía para ella”, dijo el cardenal Becciu.

Posterior a la misa, el Prefecto dijo que “El legado de Conchita es dar su vida por la Iglesia y la salvación de la humanidad. Una herencia que también es una enseñanza para todos nosotros. Viviendo en Dios se puede ser creador, se puede ser creativo, se puede tener una imaginación enorme para animar a la Iglesia, para hacerla nueva”.

La beata Concepción Cabrera vivió en México de 1862 a 1937. Fue fundadora de cinco congregaciones, escritora de 46 obras recogidas en 158 volúmenes. Sesenta mil páginas escritas a mano. Con una espiritualidad que se concentra en el amor a la Virgen. Es decir, ella casi se identifica con María y de María quiere tomar sobre todo el aspecto de la Cruz, del sufrimiento. Quiere asemejarse a María aceptando cualquier dolor que le ocurra en la vida y ofrecerlo al Señor.

Conchita fue madre de nueve hijos, cuatro de los cuales murieron, esposa, mística, escritora y eligió a Dios abrazando su voluntad en todos los aspectos de su vida.

La misión que el Señor le confió fue la de salvar almas, especialmente las de los sacerdotes. Ella ofreció todos sus sufrimientos y dolores a Dios sabiendo que todo esto puesto en manos de Dios es fruto de bendición y de salvación, y precisamente un propósito específico que tuvo era ofrecer estos sufrimientos para tener sacerdotes santos.

Sus manuscritos inspiraron el establecimiento de cinco Apostolados de las Obras de la Cruz, muy populares en México: el Apostolado de la Cruz, dirigida a todos los fieles, laicos, sacerdotes y religiosos; las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, cuyos miembros están dedicados a la vida contemplativa; Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, formada por los laicos que buscan la santificación en el espíritu de la Cruz; la Fraternidad Sacerdotal, para los Obispos y Sacerdotes diocesanos y la Fundación de los Misioneros del Espíritu Santo, que fundó con el venerable Padre Félix de Jesús Rouger.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org).- 29 de abril 2019. En torno al tema del clericalismo, el Nuncio Apostólico, invitó a erradicar a los Obispos de México reunidos en Asamblea Plenaria.

“A propósito de esto, en esta circunstancia permítanme relevar un pequeño signo de clericalismo sobre el cual hago formalmente un llamado a los responsables de la liturgia”.

“Por favor acaben con él: se trata de esa incensación al ofertorio que hacen según grados: obispos…, sacerdotes, laicos… Es un acto, una manifestación externa de clericalismo que no tiene ningún fundamento litúrgico, una manera desviada de concebir al clero, una deferencia y una tendencia a reconocerle una superioridad”.

“Olvidamos que somos y estamos “en persona Christi” y que, significativamente, en el Evangelio de Juan el relato de la institución de la eucaristía haya sido sustituido por aquel del lavado de pies…”, apuntó.

Mensaje completo del Nuncio en: https://bit.ly/2IPov1L

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org).- 29 de abril 2019. “El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, Franco Coppola.

“Debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia”, parte del mensaje que dirigió Mons. Franco Coppola, Nuncio Apostólico en nuestro país a los Obispos de México.

“No sé si pueda decirse con más claridad y con más rotunda osadía. Pero las palabras del Papa Francisco son así: claras, rotundas, osadas: “Debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia”.

“El clericalismo es un virus que la Iglesia ha venido incubando durante siglos. Una enfermedad que representa la “es-clero-sis” de la Iglesia; un sagrado “despotismo ilustrado” de quienes piensan y deciden: hago y deshago, organizo y desorganizo, pongo y compongo, apruebo y desapruebo, incluyo y excluyo…”, añadió el Nuncio.

“La tarea de los portavoces del clericalismo consiste en crear un público pasivo y obediente, no un colaborador participante en la toma de decisiones; lo que pretenden es edificar no una “iglesia doméstica”, sino una “iglesia domesticada”.

“En América Latina, por ejemplo, el clericalismo es muy fuerte, muy marcado. Los laicos no saben qué hacer si no se lo preguntan al sacerdote… Es muy fuerte. Y por esto la conciencia del papel de los laicos en América Latina está muy atrás”.

“El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarias para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social”.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe.

SOLUCION AL CLERICALISMO

Como antídoto a este mal del clericalismo el Representante del Papa en nuestro país propone la sinodalidad

“Sinodalidad supone consulta y escucha de todo el pueblo de Dios, no solo de la parte clerical. La sinodalidad es igualdad y unidad, el clericalismo es desigualdad, diferencia y división”.

“La sinodalidad exige acercamiento, comunión, colaboración, corresponsabilidad en todas las instancias eclesiales y a todos los niveles”.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org).- 29 de abril 2019. En su mensaje inicial de la CVII Asamblea de Obispos de México Mons Rogelio Cabrera López, presidente de la CEM, señaló los retos actuales que tiene la Iglesia, poniendo en primer lugar los jóvenes.

“Nuestra primera emergencia pastoral, los jóvenes, se basa, por principio de cuentas, en un dato estadístico: en México habitan más de 36 millones de jóvenes, casi un 26% de la población total”.

“Muchos de ellos están ausentes de nuestras parroquias y debemos salir a su encuentro potenciando su compromiso social, y no sólo su afán de novedades”.

“Nos urge una pastoral juvenil menos melosa y más transformadora de la realidad”.

“Estoy seguro que los adolescentes y jóvenes nos pueden ayudar a refrescar nuestros trabajos pastorales, a dar más dinamismo a nuestra liturgia, a revisar nuestras agendas temáticas en relación a sus preocupaciones e inquietudes y a cuestionar nuestras estructuras, muchas veces inamovibles. Así nos lo acaba de decir el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica PostSinodal, Christus Vivit: “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil” (CV No. 35).

Finalmente, en este punto señaló: “No seamos indiferentes y sigamos optando por ser “una Iglesia que comparte con los adolescentes y jóvenes, la tarea de hacer un país lleno de esperanza, alegría y vida plena” (PGP 187-188).

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org) 29 de abril 2019. El Arzobispo de Monterrey y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano Mons. Rogelio Cabrera López, dirigió a los Obispos de México y a todo los fieles de nuestro país en la Apertura de la CVII Asamblea Plenaria del Episcopado.

Mons. Rogelio, compartió una reflexión del momento actual que vive la Iglesia en nuestro país.

“No son buenos momentos para la Iglesia y hay que asumir errores y trabajar juntos para enfrentar la grave crisis que involucra a todos”. Con estas palabras, el nuevo Administrador Apostólico de la Arquidiócesis chilena de Santiago, definía a su llegada, la situación de la Iglesia Católica en la actualidad”, señaló el Presidente de la CEM.

“Nosotros los Obispos de México debemos reconocer también que, como Iglesia, atravesamos una etapa de crisis y de gran dificultad. No sólo por los escándalos que tanto han afectado nuestra credibilidad y autoridad moral, sino por el cambio de época que estamos viviendo y al que no estamos respondiendo de manera adecuada. No está cambiando algo, sino alguien; está cambiando la persona que vive una profunda crisis antropológica-cultural”.

Citando el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, apuntó: “… El proceso de esta transformación que vivimos, trae consigo cambios, que incluso, nosotros como Obispos y muchos presbíteros, no alcanzamos aún a comprender, por lo que se nos dificulta tener una respuesta adecuada y pronta ante la profundidad y rapidez con la que están sucediendo” (PGP 23) y por eso estamos desconcertados”.

En su discurso Mons Rogelio mencionó los retos para la Iglesia y sus pastores.

“Nuestra primera emergencia pastoral, los jóvenes, se basa, por principio de cuentas, en un dato estadístico: en México habitan más de 36 millones de jóvenes, casi un 26% de la población total. Muchos de ellos están ausentes de nuestras parroquias y debemos salir a su encuentro potenciando su compromiso social, y no sólo su afán de novedades. Nos urge una pastoral juvenil menos melosa y más transformadora de la realidad”.

“Nuestra segunda emergencia pastoral la constituyen las personas migrantes. Las recientes caravanas de centroamericanos que han entrado a nuestro país, con destino final en los Estados Unidos, pero escogiendo con frecuencia quedarse entre nosotros, han rebasado no sólo nuestros albergues, sino también la capacidad gubernamental para atenderlos”.

“Pero, quizá nuestra emergencia pastoral más apremiante sean los sacerdotes. Los protocolos para atender las denuncias sobre el abuso a los menores y a los adultos vulnerables han hecho que, en ocasiones, nos vean a los obispos como perseguidores o policías, minando la necesaria confianza filial que debemos despertar en ellos. Estamos en el reto de mantener el equilibrio pues no podemos encubrir delitos, pero tampoco perder a nuestros presbiterios”.

Finalmente Mons. Rogelio señaló que trabajarán esta semana en El Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 (PGP), como respuesta al llamado del Papa Francisco, y los retos que enfrenta la Iglesia y la sociedad.

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Mensaje de Apertura del presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano en la CVII Asamblea Plenaria

“No son buenos momentos para la Iglesia y hay que asumir errores y trabajar juntos para enfrentar la grave crisis que involucra a todos”. Con estas palabras, el nuevo Administrador Apostólico de la Arquidiócesis chilena de Santiago, definía a su llegada, la situación de la Iglesia Católica en la actualidad.
El Papa Francisco ya lo había señalado: “Estamos viviendo una época de crisis muy grave. Y no es solamente una crisis económica, ni solamente una crisis cultural ni de fe. Es una crisis en la que el hombre es quien sufre las consecuencias de esa inestabilidad. Hoy día está en peligro el hombre, la persona humana” (Encuentro con el Comité ejecutivo de Cáritas Internacional, 16 de mayo 2013. Y posteriormente afirmó: “Vivimos en un contexto en el cual la barca de la Iglesia es embestida por vientos contrarios y violentos, a causa de las graves culpas cometidas por algunos de sus miembros” (Discurso a los sacerdotes de la Diócesis de Creteill, Francia, 1 de octubre de 2018).
Nosotros los Obispos de México debemos reconocer también que, como Iglesia, atravesamos una etapa de crisis y de gran dificultad. No sólo por los escándalos que tanto han afectado nuestra credibilidad y autoridad moral, sino por el cambio de época que estamos viviendo y al que no estamos respondiendo de manera adecuada. No está cambiando algo, sino alguien; está cambiando la persona que vive una profunda crisis antropológica-cultural (Cfr. PGP 20). Como hemos dicho en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033.
“… El proceso de esta transformación que vivimos, trae consigo cambios, que incluso, nosotros como Obispos y muchos presbíteros, no alcanzamos aún a comprender, por lo que se nos dificulta tener una respuesta adecuada y pronta ante la profundidad y rapidez con la que están sucediendo” (PGP 23) y por eso estamos desconcertados.
Migrantes, jóvenes, mujeres, minorías y hasta los mismos sacerdotes, no siempre nos sienten cercanos y sensibles ante sus problemas. En este escenario tan cambiante, hay que situar el terrible flagelo de la pederastia, que no hemos sabido enfrentar en el pasado, pero que ahora estamos atendiendo con toda prontitud, privilegiando la atención a las víctimas y estableciendo compromisos y protocolos adecuados.
Además, ante el actual contexto político que vive el país, tan polarizado, no faltan voces que nos piden e incluso nos exigen, una actitud más combativa, no sólo de resistencia, sino de franca oposición. Creo que nuestra postura como obispos, debe ser de respeto hacia las autoridades civiles, sin renunciar a nuestro derecho de exponer la verdad en la que creemos; de colaboración en los asuntos que nos son comunes, pero abandonando cualquier deseo de colaboracionismo cómplice, y supuestamente útil.
Este cambio de época nos pone en estado de alerta para descubrir el paso del Señor que hay que discernir, para realizar lo que pide a su Iglesia en este momento histórico (Cfr. PGP 24).
La Pascua Redentora que acabamos de celebrar, nos motiva a seguir avanzando bajo la mirada y protección de Santa María de Guadalupe, peregrinando con espíritu de sinodalidad, hacia la celebración de los 500 años del Acontecimiento Guadalupano y del Segundo Milenio de nuestra Redención. El proceso pascual nos invita a morir a todo aquello que nos ha apartado de nuestro Señor Jesucristo, para resucitar con Él y con nuestro querido pueblo mexicano. “Esta es la alegría del Evangelio que deseamos experimentar y comunicar, para que todos tengamos vida para siempre” (PGP 2).
El Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 (PGP), que entre todos preparamos y aprobamos el año pasado, quiere ser no sólo una respuesta al llamado del Papa Francisco, que en su vista a nuestro país nos pidió un “serio y cualificado proyecto pastoral… capaz de ir más allá de coyunturas y/o criterios funcionales o meramente circunstanciales” (13 febrero 2016), sino también una herramienta para seguir respondiendo a las exigencias del Concilio Ecuménico Vaticano II, “promoviendo una Iglesia en comunión, es decir, aquella que desarrolla la espiritualidad de la escucha” (PGP 19) de las necesidades de nuestros fieles laicos.
Es por ello que nos hemos planteado como objetivo general para este Trienio 2018-2021 “Impulsar el encuentro con Jesucristo Redentor, fortalecidos por la mirada de la Virgen de Guadalupe, anunciando el Evangelio de la dignidad humana y de la paz, asumiendo los compromisos pastorales del PGP como Iglesia misionera y encarnada con el pueblo mexicano”.
Y en esta Centésimo Séptima Asamblea Plenaria nos hemos propuesto como objetivo general: “Programar la difusión y apropiación del PGP en su interacción con los planes diocesanos y provinciales de pastoral, a través del conocimiento de las orientaciones generales para su implementación, atendiendo las emergencias pastorales de la Iglesia en México, a saber: la atención a jóvenes, migrantes, sacerdotes y la protección de menores”.
Nuestra primera emergencia pastoral, los jóvenes, se basa, por principio de cuentas, en un dato estadístico: en México habitan más de 36 millones de jóvenes, casi un 26% de la población total. Muchos de ellos están ausentes de nuestras parroquias y debemos salir a su encuentro potenciando su compromiso social, y no sólo su afán de novedades. Nos urge una pastoral juvenil menos melosa y más transformadora de la realidad.
Estoy seguro que los adolescentes y jóvenes nos pueden ayudar a refrescar nuestros trabajos pastorales, a dar más dinamismo a nuestra liturgia, a revisar nuestras agendas temáticas en relación a sus preocupaciones e inquietudes y a cuestionar nuestras estructuras, muchas veces inamovibles. Así nos lo acaba de decir el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica PostSinodal, Christus Vivit: “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil” (CV No. 35). No seamos indiferentes y sigamos optando por ser “una Iglesia que comparte con los adolescentes y jóvenes, la tarea de hacer un país lleno de esperanza, alegría y vida plena” (PGP 187-188).
Nuestra segunda emergencia pastoral la constituyen las personas migrantes. Las recientes caravanas de centroamericanos que han entrado a nuestro país, con destino final en los Estados Unidos, pero escogiendo con frecuencia quedarse entre nosotros, han rebasado no sólo nuestros albergues, sino también la capacidad gubernamental para atenderlos. Este fenómeno seguirá en aumento por lo que necesitamos imaginar nuevas estrategias para atenderlo debidamente.
Hoy se vuelve necesario recordar las cuatro recomendaciones del Papa en relación a los migrantes, que acaba de pronunciar, una vez más, en su reciente viaje a Marruecos (30 y 31 de marzo, 2019): “acoger, proteger, promover e integrar”. Sé que, por desgracia, nuestros fieles no siempre tienen la sensibilidad necesaria para recibir a los migrantes. Ojalá podamos ayudarles a ver a nuestro Señor Jesucristo en cada uno de ellos. No tengamos miedo y sigamos optando por “ser una Iglesia comprometida con la paz y las causas sociales” (PGP 174-176).
Pero, quizá nuestra emergencia pastoral más apremiante sean los sacerdotes. Los protocolos para atender las denuncias sobre el abuso a los menores y a los adultos vulnerables han hecho que, en ocasiones, nos vean a los obispos como perseguidores o policías, minando la necesaria confianza filial que debemos despertar en ellos. Estamos en el reto de mantener el equilibrio pues no podemos encubrir delitos, pero tampoco perder a nuestros presbiterios.
Ya Aparecida (DA Nº 191-200) nos hacía ver las dificultades que enfrentan hoy nuestros presbíteros, por la cultura reinante que, aunque tiene sus luces, también tiene muchas sombras que nos invade con fuertes dosis de relativismo, individualismo, autorreferencialidad, etc. Con esperanza sigamos optando por ser una Iglesia misionera y evangelizadora y ofrezcamos experiencias de acompañamiento y formación permanente para los presbíteros, que propicien la vivencia de un encuentro con Jesucristo Vivo para que, en el contacto continuo con Él, fortalezcan sus esfuerzos de conversión personal y pastoral (PGP 180-183)
Queridos hermanos obispos, el Papa Francisco nos ha dicho que una de las razones originantes de la pederastia es el clericalismo. Como pastores, estamos llamados a combatirlo con la austeridad en nuestras vidas, entendida no sólo como necesaria sobriedad personal, sino como el ejercicio austero de nuestra autoridad. Dialogar más que imponer, es nuestro reto.
Que esta Asamblea Plenaria nos sirva para responder mejor a los desafíos que el cambio de época nos está planteando y que el sueño de Iglesia que deseamos llegar a ser y construir para celebrar los 2000 años de la Redención y los 500 del Acontecimiento Guadalupano, lo vivamos desde nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 con fe, creatividad, comunión y sinodalidad de acuerdo a nuestros propios procesos pastorales en las Provincias Eclesiásticas, las Diócesis, en la Vida Consagrada, Grupos y Movimientos Apostólicos, así como por todo el Pueblo de Dios (Cfr. PGP 193).
En estos momentos de nuestra vida, descubramos la luz gloriosa de Jesucristo Redentor y experimentemos el amor maternal de nuestra Señora de Guadalupe para que como Iglesia en México podamos avanzar juntos, estableciendo relaciones y estructuras inspiradas en el Reino de Dios (Cfr. PGP 195)
Muchas gracias.

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Monterrey, N.L. (www.pastoralsiglo21.org).- 28 de abril 2019. Del 29 de abril al 3 de mayo del presente año se llevará a cabo la CVII Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano en la Sede CEM – Casa Lago, en Cuautitlán Izcalli, con la asistencia aproximada de 150 obispos. Durante la Asamblea acompañan el Señor Nuncio Apostólico en México, Mons. Franco Coppola, los Secretarios Ejecutivos de Comisiones Episcopales y un representante de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México (CIRM).

Esta Asamblea Plenaria CVII tiene como objetivo programar la difusión y apropiación del Proyecto Global de Pastoral (PGP) en su interacción con los planes diocesanos y provinciales, a través del conocimiento de las orientaciones generales para su implementación, atendiendo las emergencias pastorales de la Iglesia en México a saber: La atención a jóvenes, migrantes, sacerdotes y la protección de menores.

Encomendamos este encuentro de los obispos mexicanos a Santa María de Guadalupe y a la oración de todos los fieles para los trabajos que se realizarán durante esta reunión de los frutos sean para bien de México.

Rocío DíazRocío Díaz27 abril, 2019
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Puebla (www.pastoralsiglo21.org) 26 de abril del 2019.- En el 40 aniversario de la III Asamblea General del Episcopado Latinamericano, el Grupo Iberoamericano de Teología realizó esta semana su Tercer Encuentro.

El tema del encuentro fue “Coloquio Internacional sobre los 40 Años de Puebla” y consistió de seis ponencias, de las que se concluyó que Puebla no fue un punto de llegada, sino de partida.

Hoy hay una recepción serena tanto de Puebla como de Medellín.“Puebla no se entiende sin Medellín”, que fue la Conferencia del Celam donde se pasó del orden deductivo al inductivo, dijo el Cardenal Porras, Arzobispo de Caracas.

“En Medellín se aprecia un discurso con sujeto social y adultez cristiana que lleva a los obispos a comprometerse a producir los cambios que demandaban a la sociedad”, agregó.

En Puebla se asumieron los tres siglos coloniales como parte integrante del ser mestizo latinoamericano y la realidad de las raíces populares católicas originarias del Continente frente al a-historicismo de la Modernidad Ilustrada antirreligiosa. Cuarenta años después, se puede hablar de un pensamiento latinoamericano católico”, amén de constatar que “Medellín y Puebla fueron un punto de partida para la Iglesia latinoamericana”.

Tres eclesiólogos, S. Madrigal, A. Brighenti y G. Routhier desarrollaron en sus ponencias la relevancia eclesiológica de las conferencias episcopales, su lugar en el ejercicio de la sinodalidad, su autoridad doctrinal y su comprensión a la luz de una conversión pastoral y misionera de la Iglesia.

Se subrayó también en este evento la importancia de recuperar la rica experiencia de vida conciliar de la Iglesia a lo largo de su historia y, en particular, la fecunda experiencia de la Iglesia Latinoamericana.

 

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ANUNCIANDO LA VIDA

Con motivo de la Solemnidad de la Anunciación y del Día del Niño por Nacer

Hermanos en Cristo.

En el marco de preparación para el misterio Pascual, los obispos de México compartimos este mensaje de observación, reflexión y compromiso de cara a los tiempos presentes de nuestra Patria en torno al don de la vida de cada ser humano, en especial de la vida naciente, que es persona a imagen de la Persona divina, que ha sido creada desde el amor y llamada para el amor, y que Cristo redime por medio de su Encarnación, Muerte y Resurrección.

Cuando el ángel Gabriel le anunció a María que iba a ser la madre de Cristo, ella dijo “sí”, un sí que, humanamente, era complejo y acarreaba serias complicaciones. Ella, sin embargo, puesta en las manos de Dios y confiando en su Palabra, abrió las puertas a la vida. En este día que celebramos también el Día del Niño por Nacer, anunciemos que «el Creador hizo al hombre y a la mujer partícipes de la obra de su creación y, al mismo tiempo, los hizo instrumentos de su amor, confiando a su responsabilidad el futuro de la humanidad a través de la transmisión de la vida humana» (AL 81)

La realidad socio-política en la que nos encontramos es compleja y deja ver claroscuros. Por un lado, signos de esperanza y de vida en algunas regiones del país, donde el Estado reconoce, protege y tutela, el derecho a la vida que todo ser humano tiene desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Por otro, manifestaciones de violencia y muerte que cambian la percepción que tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestras relaciones interpersonales y nuestro entorno, modificando valores y comportamientos, impactando en las tradiciones y en la identidad de los pueblos generando esta cultura del descarte, que el Papa Francisco la calificó como una cultura que ve al ser humano como un bien de consumo, como algo que puede ser usado y que, cuando no sirve, se tira (cf. Evangelii Gaudium 53).

México le dice ¡sí a la vida! Anunciemos sin temor el Evangelio de la vida que nos lleva a todos, no solo a los creyentes, a defender, cuidar y proteger a toda vida humana (cf. Evangelium Vitae 5).

La sociedad actual, bañada en un tinte de posmodernismo, abandera, superficial y falazmente, el estandarte del progresismo. Culturalmente pareciera que el inmanentismo y el subjetivismo, cimentados en una mentalidad relativista, absolutizan la fugacidad del tiempo presente convirtiendo al hombre actual, en un hombre superficial, esclavo del momento, carente de compromisos trascendentes y de razonamientos profundos. La radicalización del relativismo se ha convertido en el nuevo totalitarismo buscando acallar los dictados de la razón y justificando hasta lo más absurdo. Esto ha generado un sinfín de eufemismos que conducen al adormecimiento colectivo de las conciencias, permitiendo así, justificar prácticamente cualquier cosa, incluso aquellas que atentan contra la dignidad y los derechos fundamentales de toda persona, creando así esta cultura del descarte.

Como Obispos y pastores de la Iglesia en México, somos conscientes del valor de la vida humana, de toda vida humana. El Señor Jesús ha dicho: «Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Jn. 10,10). La cultura de la muerte, que busca permear a toda la sociedad, nos presenta una visión pobre y reduccionista de la persona humana, de su dignidad y de sus derechos fundamentales; una visión que termina destruyendo la vida de los más indefensos, de los más vulnerables, no importa la etapa de desarrollo en la que se encuentren. ¿Dónde quedó nuestra humanidad?, esa humanidad que se preocupa y cuida de los suyos, más cuando se encuentran en un estado de mayor fragilidad. El mismo Papa Francisco, durante su regreso de México, usó palabras fuertes al respecto: “El aborto no es un «mal menor. Es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto […] Se asesina a una persona para salvar a otra -en el mejor de los casos- o para vivir cómodamente” (17 de febrero de 2016).

Frente a esta cultura del descarte se contrapone la cultura de la vida, del amor y de la solidaridad. Conviene recordar la pregunta que hace Dios a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel? – Contestó: No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gn. 4,9). Esta pregunta sigue resonando y haciendo eco a lo largo de la historia de la humanidad pero, en nuestros días y en este tiempo de cuaresma, cobra más fuerza que nunca, pues el hombre sumido en una cultura del descarte se desentiende del más frágil e indefenso y de nuevo somos interpelados el día de hoy: ¿Dónde está tu hermano?.

San Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae nos hizo el siguiente exhorto: “Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida” (95). Es por eso que, en este tiempo de gracia y conversión, los exhortamos a todos a abrazar un compromiso más decidido y eficaz en la defensa de la vida humana, que se establezca un camino común donde organizaciones, grupos, movimientos y todos aquellos que quieran ser anunciadores de vida, sean una sola voz, remen en la misma dirección, teniendo como objetivo la promoción, el cuidado y la defensa de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Hoy más que nunca, nuestro México lo necesita y «Dios nos está llamando a generar esperanza, a fortalecer y reconstruir una vida humana más plena para todos sus hijos» (Proyecto Global de Pastoral n. 162).

Que Santa María de Guadalupe, la Madre del Verdadero Dios por quien se vive, siga intercediendo por nosotros, nos deje sentir su maternal compañía y, como ella, seamos capaces de pronunciar un libre, firme y valiente SÍ en favor de toda vida humana.

Por todos los obispos de México.

Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey
y Presidente de la CEM

Alfonso G. Miranda Guardiola
Obispo Auxiliar de Monterrey
Secretario General de la CEM


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