Nacional

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¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra», (Gn. 4,10)

Los obispos de México manifestamos el gran dolor que sentimos por los actos de violencia acontecidos en los últimos días contra personas inocentes, tanto en nuestro país como en los Estados Unidos, provocados por la intolerancia, la xenofobia y la discriminación.

Ofrecemos nuestra cercanía y oración a los familiares de quienes han perdido un ser querido en estos fatídicos acontecimientos o han resultado heridos.

Con tristeza vemos que aumentan estos actos de violencia alentados por quienes crean divisiones, cierran el corazón a sus semejantes, y no reconocen la dignidad humana que posee toda persona, independientemente de su color de piel o su nacionalidad.

Que difícil nos ha resultado mirar el rostro de Cristo en el hermano y hermana que sufre.

Constatamos que los discursos de odio generan solamente agresión y muerte. Es tiempo de poner un alto a estos actos violentos, por lo que hacemos un llamado a los ciudadanos y autoridades de los Estados Unidos, y de México a fomentar un discurso congruente de paz, igualdad, fraternidad y colaboración, ya que tanto los connacionales, como los extranjeros que residen en un país, hacen que una nación sea más grande y fuerte.

Pedimos a todos los católicos y personas de buena voluntad que continuemos orando por todas las personas que han sido víctimas a causa de estos motivos, por los numerosos heridos, y por sus familias, para que encuentren el consuelo de la fe y la paz en Jesucristo nuestro Señor.

+Rogelio cabrera López 
Arzobispo de Monterrey y 
Presidente de

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México (www.pastoralsiglo21.org) .- 29 de julio 2019. Este lunes, en torno a la quinta semana del primer Diplomado Latinoamericano  de Prevención en la Iglesia, que se lleva a cabo en la Universidad Pontificia de México, organizado por el Centro de Investigación y formación interdisciplinar para la protección del menor CEPROME, el Arzobispo de Monterrey y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano participó con el tema: La Responsabilidad del Obispo en la Tutela de los Menores.

Durante la ponencia el Arzobispo de Monterrey estuvo acompañado de Mons. Alfonso Miranda Guardiola, Obispo Auxiliar de Monterrey y Secretario General de la CEM y del Pbro. Lic. Pbro. Pedro Pablo González Sias, Miembro de la Comisión Diocesana para la Tutela de Menores y Adultos Vulnerables.

Posterioermente, Mons. Rogelio aprovecho para recorrer y conocer las nuevas aulas de la Universidad Pontificia de México, acompañado por el Rector el Padre Mario Ángel Flores Ramos.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

El Salto. Pueblo Nuevo, Dgo. (www.pastoralsiglo21.org).- 19 de julio 2019. la participación de más de 300 jóvenes y sacerdotes de todo el país,se lleva a cabo del 18 al 21 de julio la Asamblea Nacional de PAJ, en la Prelatura de El Salto.

El día de hoy, Mons. Juan A. Pérez Talamantes, Obispo Responsable de la DEMPAJ compartió un poco acerca de la emergencia antropológica que se vive en el mundo actual.

Con el uso de las nuevas tecnologías, hemos compartido las preguntas que se cuestiona la humanidad, además a la luz del evangelio, con el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces, nos hemos cuestionado que somos capaces de dar de nosotros para construir la Civilización del Amor.

El padre David Jasso participó en la asamblea, exponiendo sobre el Proyecto Global de Pastoral 2031-2033, motivando a los jóvenes en realiza el sueño de un país lleno de esperanza, alegría y vida plena.
#IglesiaDeMéxico

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El Salto. Pueblo Nuevo, Dgo. (www.pastoralsiglo21.org).- 19 de julio 2019. Con la participación de más de 300 jóvenes y sacerdotes de todo el país, ha dado inicio la Asamblea Nacional de PAJ, en la Prelatura de El Salto.

Con el objetivo de fortalecer el caminar de la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes en nuestro país a la luz del Proyecto Global de Pastoral y la Exhortación Apostólica #ChristusVivit, los coordinadores y equipos Diocesanos de Pastoral de Adolescentes y Jóvenes de las 93 diócesis y las 6 prelaturas de nuestro país dialogarán durante los próximos 3 días, sobre la ruta 2031-2033 para hacer un país lleno de esperanza, alegría y vida plena.

En un ambiente de Sinodalidad, la Asamblea Nacional es la instancia más importante de la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes, por la trascendencia de asuntos que trata, en ella se revisa y profundiza el proceso generado, y se analizan y oran las posibles lineas de acción.

Oremos por esta Asamblea para que con la fuerza de Jesucristo Redentor y de la mano de Santa María de Guadalupe sus frutos sean abundantes.

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Adelantándonos algunos años, quizá no muchos, nuestra generación será escudriñada ante el horrendo abuso sexual perpetrado por clérigos en la Iglesia, y será evaluada si supimos o no enfrentarlo y solucionarlo. Si fuimos indiferentes, omisos, cobardes o negligentes; o si fuimos sensibles, responsables, humildes y valientes para aplicar las enmiendas y correcciones que teníamos qué hacer.

No cabe duda que el problema del abuso sexual en la Iglesia católica constituye un cáncer, al que, principalmente los pastores, debemos enfrentar contundentemente hasta extirparlo, a costa de ser tachados como infieles y traidores al mensaje de Jesús, y a la misión de la Iglesia.

Es importante que, como Iglesia, asumamos el dolor no solo por el daño ya causado por muchos de sus miembros a menores de edad o por su encubrimiento, sino y especialmente, el dolor que implica extirpar este mal, en los mismos miembros de la Iglesia.

Es sabido que una forma inadecuada en la que hemos manejado nuestra autoridad en la Iglesia, y que nos ha llevado a deplorables conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia, ha sido el clericalismo. Conscientes de esta actitud, tenemos que admitir que muchas veces la Iglesia – en las personas de sus obispos y superiores – no supo y todavía, en ocasiones, no sabe comportarse como debe para afrontar con rapidez y decisión las crisis provocadas por los abusos.

Esta forma clericalista de actuar, nos ha llevado a poner, el mal entendido bien de la institución eclesial, por encima del dolor de las víctimas y de las exigencias de la justicia; a poner por encima del testimonio de los afectados las justificaciones de los victimarios; a guardar un silencio que acalla el grito de dolor de los victimizados con tal de no enfrentar el ruido público que puede suscitar una denuncia ante la autoridad civil; a llegar incluso a la mentira o a tergiversar los hechos para no confesar la horrible realidad que se presenta.

Tenemos que aceptar esta crisis con profundidad, y reconocer que el daño no lo han hecho los de fuera sino que los primeros enemigos están dentro de nosotros, entre los obispos, sacerdotes y consagrados, que no hemos estado a la altura de nuestra vocación. Por lo que debemos insistir: No hay ninguna justificación posible para no denunciar, para no desenmascarar, para no enfrentar con valor y contundencia cualquier abuso que se presente al interior de nuestra Iglesia.

Los derechos de los victimarios ― su buena fama, el ejercicio de su ministerio, o seguir llevando una vida normal al interior de la sociedad― no pueden nunca primar sobre los derechos de las víctimas, de los más débiles, y de los más vulnerables.

Es tan hondo el daño causado, es tan profundo el dolor infligido, son tan inmensas las consecuencias de los abusos que han sucedido en la Iglesia que nunca podremos decir que hemos hecho lo suficiente, y nuestra responsabilidad nos lleva a trabajar todos los días para que nunca más en la Iglesia se presenten abusos, y para que los que eventualmente se cometan reciban el castigo y la reparación que exigen. 

Y todavía más: aun cuando hubiera algún impedimento jurídico por prescripción civil o canónica del delito (habría que buscar superarlo legalmente por todos los medios), nada impide, sino todo lo contrario, persiste la obligación moral de acoger, acompañar, reparar, sanar y consolar a las víctimas, porque las heridas nunca prescriben.

Nuestra posición, ha quedado del todo confirmada en la cumbre de protección de menores celebrada en Roma en el mes de febrero pasado, y es con las víctimas y a favor de las víctimas, por lo que exhortamos a nuestros hermanos obispos y superiores, a que cualquier caso que surja, y los que ya son públicos, ya sea en congregaciones religiosas, como con los legionarios de Cristo, así como de arquidiócesis o diócesis en México, sean procesados, como lo marcan los últimos documentos pontificios, a saber: Como una madre amorosa, y el motu proprio: Vosotros sois la luz del mundo; además de las leyes civiles de nuestra nación.

Más que nunca los obispos, tenemos que sentirnos llamados a fortalecer nuestros vínculos fraternos, a entrar en un verdadero discernimiento comunitario, a actuar siempre con los mismos criterios y a apoyarnos mutuamente en la toma de decisiones. Nuestra fortaleza depende, sin duda, de la unidad profunda que marque nuestro ser y nuestro actuar. Sin olvidar, por supuesto, que la responsabilidad del obispo se prolonga en el acompañamiento estrecho y la tarea ardua de la santificación de los sacerdotes. 

Solo con la ayuda del Señor y nuestra docilidad a su gracia vamos a lograr que esta crisis lleve a una profunda renovación de toda la Iglesia, con obispos más conscientes de su misión de pastores y padres de su rebaño; con sacerdotes y consagrados más conscientes de su servicio ejemplar al pueblo de Dios; con seglares más conscientes de su corresponsabilidad en la edificación de una Iglesia confiable, justa, humilde y creíble, en donde los niños y adolescentes, y todas las personas, encuentren siempre un lugar seguro que propicie su crecimiento humano y en la fe.

Ciudad de México.

+Alfonso G. Miranda Guardiola

Coordinador del Consejo Nacional de Protección de menores.

Conferencia Episcopal Mexicana.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México (www.pastoralsiglo21.org).- 23 de mayo 2019. En la sede la Conferencia del Episcopado Mexicano se lleva a cabo la Asamblea Nacional de Clero 2019. La Dimensión episcopal del Clero, anualmente realiza este encuentro al que asisten los sacerdotes encargados de la Pastoral presbiteral o Formación Permanente del Clero.

La temática para este año es: “EL PRESBÍTERO MEXICANO, ENTORNO A SUS INCIDENCIAS HUMANAS”, en la que se ahondará los problemas psicológicos, afectivos sacerdotales entre otros que inciden en abusos de autoridad, de conciencia y sexual. Con exponentes expertos en la materia.

Oremos por los participantes de este encuentro y por todos los sacerdotes, para que tenga un corazón siempre dispuesto a servir y una sana madurez humana.
#IglesiaDeMéxico

Rocío DíazRocío Díaz5 mayo, 2019
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Ciudad de México (www.pastoralsiglo21.org) 4 de mayo del 2019.- El amor apasionado que Concepción Cabrera de Armida le profesó a Jesús y su deseo de darlo a conocer a todos los hombres, fue el sello que marcó su vida y la Iglesia Universal reconoce sus virtudes al otorgarle el grado de Beata, convirtiéndose así en la primera laica mexicana en llegar a los altares.

La misa de beatificación se celebró en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, presidida por el Cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, y en la que participaron más de 80 obispos.

En su homilía, el Cardenal Becciu la recordó como “una figura maravillosa en sus diferentes aspectos de esposa, madre, viuda, inspiradora de institutos religiosos y de iniciativas apostólicas”.

En la misa estuvieron presentes la nieta de Conchita, la Hermana Consuelo Armida, y Jorge Treviño, el hombre que recibió una curación milagrosa por intercesión de la ahora beata.

“Para Conchita la felicidad consistía no en seguir sus propias inspiraciones, aunque santas, sino en conformarse al proyecto que Dios tenía para ella”, dijo el cardenal Becciu.

Posterior a la misa, el Prefecto dijo que “El legado de Conchita es dar su vida por la Iglesia y la salvación de la humanidad. Una herencia que también es una enseñanza para todos nosotros. Viviendo en Dios se puede ser creador, se puede ser creativo, se puede tener una imaginación enorme para animar a la Iglesia, para hacerla nueva”.

La beata Concepción Cabrera vivió en México de 1862 a 1937. Fue fundadora de cinco congregaciones, escritora de 46 obras recogidas en 158 volúmenes. Sesenta mil páginas escritas a mano. Con una espiritualidad que se concentra en el amor a la Virgen. Es decir, ella casi se identifica con María y de María quiere tomar sobre todo el aspecto de la Cruz, del sufrimiento. Quiere asemejarse a María aceptando cualquier dolor que le ocurra en la vida y ofrecerlo al Señor.

Conchita fue madre de nueve hijos, cuatro de los cuales murieron, esposa, mística, escritora y eligió a Dios abrazando su voluntad en todos los aspectos de su vida.

La misión que el Señor le confió fue la de salvar almas, especialmente las de los sacerdotes. Ella ofreció todos sus sufrimientos y dolores a Dios sabiendo que todo esto puesto en manos de Dios es fruto de bendición y de salvación, y precisamente un propósito específico que tuvo era ofrecer estos sufrimientos para tener sacerdotes santos.

Sus manuscritos inspiraron el establecimiento de cinco Apostolados de las Obras de la Cruz, muy populares en México: el Apostolado de la Cruz, dirigida a todos los fieles, laicos, sacerdotes y religiosos; las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, cuyos miembros están dedicados a la vida contemplativa; Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, formada por los laicos que buscan la santificación en el espíritu de la Cruz; la Fraternidad Sacerdotal, para los Obispos y Sacerdotes diocesanos y la Fundación de los Misioneros del Espíritu Santo, que fundó con el venerable Padre Félix de Jesús Rouger.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org).- 29 de abril 2019. En torno al tema del clericalismo, el Nuncio Apostólico, invitó a erradicar a los Obispos de México reunidos en Asamblea Plenaria.

“A propósito de esto, en esta circunstancia permítanme relevar un pequeño signo de clericalismo sobre el cual hago formalmente un llamado a los responsables de la liturgia”.

“Por favor acaben con él: se trata de esa incensación al ofertorio que hacen según grados: obispos…, sacerdotes, laicos… Es un acto, una manifestación externa de clericalismo que no tiene ningún fundamento litúrgico, una manera desviada de concebir al clero, una deferencia y una tendencia a reconocerle una superioridad”.

“Olvidamos que somos y estamos “en persona Christi” y que, significativamente, en el Evangelio de Juan el relato de la institución de la eucaristía haya sido sustituido por aquel del lavado de pies…”, apuntó.

Mensaje completo del Nuncio en: https://bit.ly/2IPov1L

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org).- 29 de abril 2019. “El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, Franco Coppola.

“Debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia”, parte del mensaje que dirigió Mons. Franco Coppola, Nuncio Apostólico en nuestro país a los Obispos de México.

“No sé si pueda decirse con más claridad y con más rotunda osadía. Pero las palabras del Papa Francisco son así: claras, rotundas, osadas: “Debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia”.

“El clericalismo es un virus que la Iglesia ha venido incubando durante siglos. Una enfermedad que representa la “es-clero-sis” de la Iglesia; un sagrado “despotismo ilustrado” de quienes piensan y deciden: hago y deshago, organizo y desorganizo, pongo y compongo, apruebo y desapruebo, incluyo y excluyo…”, añadió el Nuncio.

“La tarea de los portavoces del clericalismo consiste en crear un público pasivo y obediente, no un colaborador participante en la toma de decisiones; lo que pretenden es edificar no una “iglesia doméstica”, sino una “iglesia domesticada”.

“En América Latina, por ejemplo, el clericalismo es muy fuerte, muy marcado. Los laicos no saben qué hacer si no se lo preguntan al sacerdote… Es muy fuerte. Y por esto la conciencia del papel de los laicos en América Latina está muy atrás”.

“El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarias para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social”.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe.

SOLUCION AL CLERICALISMO

Como antídoto a este mal del clericalismo el Representante del Papa en nuestro país propone la sinodalidad

“Sinodalidad supone consulta y escucha de todo el pueblo de Dios, no solo de la parte clerical. La sinodalidad es igualdad y unidad, el clericalismo es desigualdad, diferencia y división”.

“La sinodalidad exige acercamiento, comunión, colaboración, corresponsabilidad en todas las instancias eclesiales y a todos los niveles”.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Ciudad de México, (www.pastoralsiglo21.org).- 29 de abril 2019. En su mensaje inicial de la CVII Asamblea de Obispos de México Mons Rogelio Cabrera López, presidente de la CEM, señaló los retos actuales que tiene la Iglesia, poniendo en primer lugar los jóvenes.

“Nuestra primera emergencia pastoral, los jóvenes, se basa, por principio de cuentas, en un dato estadístico: en México habitan más de 36 millones de jóvenes, casi un 26% de la población total”.

“Muchos de ellos están ausentes de nuestras parroquias y debemos salir a su encuentro potenciando su compromiso social, y no sólo su afán de novedades”.

“Nos urge una pastoral juvenil menos melosa y más transformadora de la realidad”.

“Estoy seguro que los adolescentes y jóvenes nos pueden ayudar a refrescar nuestros trabajos pastorales, a dar más dinamismo a nuestra liturgia, a revisar nuestras agendas temáticas en relación a sus preocupaciones e inquietudes y a cuestionar nuestras estructuras, muchas veces inamovibles. Así nos lo acaba de decir el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica PostSinodal, Christus Vivit: “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil” (CV No. 35).

Finalmente, en este punto señaló: “No seamos indiferentes y sigamos optando por ser “una Iglesia que comparte con los adolescentes y jóvenes, la tarea de hacer un país lleno de esperanza, alegría y vida plena” (PGP 187-188).


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