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Cuenta la historia de los jesuitas que cuando San Francisco Xavier iba a emprender su viaje hacia el Oriente, San Ignacio de Loyola le dijo estas palabras: “Ite Inflammate Omnia” que significan: “Ve e inflama todas las cosas”.

En estos tiempos donde un niño tiene que tener su iPad para que pueda estar tranquilo, donde si a algún joven se le acaban los datos o la batería es un desastre total, o donde por causa de likes y “me encanta” hay problemas maritales, e incluso donde estar comprando artículos y ropa por Facebook es de lo más común, creo que estas palabras de San Ignacio deberían resonar con más intensidad en nuestros corazones.

Veo en las redes sociales un potencial inconmensurable para llegar a tantas personas, de tantos lugares diferentes. Hoy a través de tan solo compartir una publicación puedes llegar a periferias que ni tú mismo creías llegar. Sin embargo, si haces público algún hecho vergonzoso, un acto de antitestimonio, también llegará a quienes ni te imaginarías que llegaría.

Pienso que en tiempos de Jesús, apóstoles como Mateo iban documentando su vida, acciones, prédicas, milagros y gracias a eso tenemos el “Evangelio según San Mateo”. Recordemos que “Evangelio” significa “La Buena Nueva”. Por esta razón, pienso que si nos consideramos discípulos de Jesús, estamos llamados a documentar su obra misericordiosa en nosotros, en nuestra familia, en nuestro entorno y con ello proclamar la buena nueva, el mensaje de Jesús.

Jesús mismo nos dice: “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” (Mt 6,3). Entonces, ¿cuál es la línea que divide entre el obrar en lo secreto y el hacer públicas nuestras acciones? La respuesta a esto es: la humildad. Para anunciar la Buena Nueva a través de las redes sociales se requiere de mucha humildad para hacernos a un lado y proclamar solo la obra de Jesús. Decía San Rafael Guízar que él era “el mulito de Dios”, pues así nosotros en el uso de las redes sociales, la humildad tiene que ser nuestra mayor virtud para poder evangelizar, grabar, aconsejar, reprender, siempre teniendo en cuenta que el foco de atención será Jesús, será la santidad.

San Pablo, en el tercer capítulo de su Carta a los Filipenses dice: “Sean imitadores míos”, y pudiéramos pensar que nos hace un llamado a ser como él, sin embargo, el llamado que nos hace es a que, así como él, busquemos ser como Jesús. Versículos antes dice: “Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús”.

En este camino a la santidad, quizás no seremos los mejores anunciadores de la Buena Nueva y a través de las redes sociales podemos vernos muy vulnerables, pero yo te invito a que continúes tu carrera, siendo humilde y proclamando siempre y únicamente el mensaje de Jesús.

Y por último, no te olvides: ve e inflama todas las cosas, con el amor ardiente por el Señor. Que el Señor te dé la gracia de evangelizar a tiempo y destiempo.

Jorge Ochoa

Músico y evangelizador católico en las redes

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Sócrates dijo que “la vida no sometida a examen, no merece la pena vivirse”.

A veces nos levantamos por la mañana e involuntariamente experimentamos sentimientos y pensamientos que no son los que desaríamos tener, pero da la sensación que esto es lo que tenemos, porque somos así y hay que resignarnos.

Hay cosas que ciertamente no podemos cambiar, por ejemplo, una enfermedad crónica, la familia que nos tocó tener, la personalidad del jefe, etc., son situaciones que debemos asumir y que a veces no son como quisiéramos que fueran.

Muchas de estas realidades están ahí porque Dios nos quiere fortalecer, quiere que aprendamos una lección, sin embargo también hay cosas o situaciones que no tenemos por qué tolerar: una cosa es lo que tengo que asumir y otra lo que tengo que tolerar, y a veces toleramos cosas que son intolerables, y las toleramos porque pensamos que somos así.

Lo que ustedes y yo seremos al final será solo lo que decidamos y tratemos de ser ahora. Como dice John Powell: “moriremos como hemos vivido”. Qué triste llegar al final de la vida y darnos cuenta que la hemos desperdiciaado, que no hemos elegido vivir una vida de significado.

Las personas que en su vejez son egoístas y exigentes no se comportan de esta manera solo durante sus últimos años de vida, sino que lo han practicado toda su vida. Igual sucede con las que son en su vejez tiernas y amables.

Deberíamos llegar hasta la estructura de nuestra vida diaria para preguntarnos: ¿qué estoy haciendo? ¿Mi existencia está al día? ¿Es un asunto de irla pasando?

Puede ser que los parásitos que están devorando nuestro interior, privándonos de las alegrías y satisfacciones más profundas, deban convertirse en el objeto de nuestra atención.

Como dijo alguna vez Dang Hammarskjold: “el viaje más largo es el viaje interno”, al centro de nuestro ser, pero a esta experiencia interior muchas personas le rehúyen, son dominadas por el miedo, pero qué importante es hacerlo para saber realmente quiénes somos. Eso realmente vale la pena.

Todos queremos vivir felices, con entusiasmo, alegría, iluminando el camino de los demás, así como otros iluminan nuestro camino.

Para vivir una vida que importa, debemos tener una meta, una visión, pero muy pocos de nosotros tenemos un sentido de visión real de quiénes queremos ser, o mejor aún, ¿a qué me está llamando Dios a ser?, ¿en qué tipo de persona quiere Dios que me convierta?

Porque hasta que no tengamos una visión clara estaremos llevando vidas sin rumbo, sin sentido. Cuando es clara esa visión, todas nuestras decisiones estarán orientadas hacia ahí. La visión enfoca nuestras decisiones y como dice el Pbro. Mike Schimmitz “las decisiones son muy importantes porque determinan nuestro destino”.

Un principio de vida nos lleva a tener una intención de propósito generalizada y aceptada, aplicada a circunstancias y elecciones específicas.

¿Qué podemos hacer entonces?

Primero necesitamos tener una visión clara, preguntémosle a Dios ¿qué quieres de mí para este año?

Segundo, ¿cuáles son las decisiones que debemos tomar?, ¿ cuáles son los obtáculos que tenemos que superar?

Tercero, ¿cuál es el paso positivo que debemos tomar hoy, en este momento?

Si somos constantes día a día, con el paso del tiempo nos habremos convertido en la mejor versión de nosotros mismos, en el ser que Dios quiere que te conviertas.

Para continuar con estas reflexiones te recomiendo tres libros: Vicios y Virtudes, de Alejandro Ortega Trillo; Amor Incondicional, de John Powell y Cartas del Diablo a su Sobrino, de C.S. Lewis.

Lupita Cereceres de la Rosa

Maestría en Ciencias de la Familia

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Mons. Rogelio Cabrera López

En el ser humano, la vida no solo es un llamado a la existencia, pues en su corazón subsiste la inquietud de una vida plena. Desde la antigüedad, la humanidad se ha propuesto llenar su vida y su corazón de formas diversas, siendo así que muchos aún experimentan que no basta una buena salud y gozar de bienestar.

Ese anhelo ha sido catalogado de melancolía, por desear un estado de vida anterior o de resentimiento, por quererlo alcanzar sin poder hacerlo. Al estado de plenitud que motiva a muchos seres humanos le llamamos felicidad, un concepto tomado de la misma vida humana y que se manifiesta cuando la persona experimenta momentos en que se une a una meta de bien propuesta desde la razón y la voluntad, y en los que todos los elementos de la existencia, en medio de su complejidad, tienen cierto orden y equilibrio respecto a uno mismo y a los demás, revelándole así su identidad y el sentido más profundo en su vida.

El deseo de la persona consiste en vivir siempre así, en esa altura de vida, pero es consciente que esos momentos no llegan solos ni por casualidad ya que es necesario el esfuerzo biopsicosocial, las virtudes fundamentales de la prudencia, templanza, fortaleza y justicia, la vivencia de las virtudes propias del estado de vida de cada uno y el ejercicio de las virtudes sociales necesarias para la búsqueda del bien común.

De esta manera, la felicidad es un bien arduo, que requiere gran libertad y dedicación”.

Debido a la multiplicidad de formas de pensar y de querer, los seres humanos batallamos para encontrar claridad en la comprensión y búsqueda de ese estado de felicidad. En ocasiones la confundimos con el gusto propio, con las ideas, con las habilidades, con los resultados obtenidos, con los intereses individuales y colectivos, con prácticas y ritualismos, con órdenes fantásticos, con desarrollo externo, con la posesión de la ciencia, con la manipulación colectiva, con el poder y el dominio, con las riquezas materiales y con un largo etcétera.

La Iglesia reconoce el valor de las preguntas del ser humano acerca de su origen, identidad, destino y sentido de la propia vida y de la humanidad entera en cada etapa de la historia. Los seres humanos de hoy reclaman su derecho a ser felices e intuyen que el camino es el libre desarrollo de su personalidad. La felicidad se piensa hoy por los conceptos de libertad, derecho, desarrollo y personalidad: ¿será este el camino hacia la plenitud humana?

Esta pregunta surge también en nosotros, hermanos sacerdotes. El corazón sacerdotal también entra en crisis y pregunta por el destino y el sentido. Pedro también se lo expresó al Señor: “Ya lo ves, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28). ¿Cuál habrá sido su inquietud? Creo que este pasaje del Evangelio es provocador para nosotros en nuestro caminar sacerdotal pues nos conduce a preguntarnos si ha valido la pena el desprendimiento y si vale la pena seguir al Señor en un orden de vida tan difícil.

En varias etapas de la historia de la Iglesia, la consagración de la vida a Dios en comunidades religiosas y en el sacerdocio secular, ha entrado en momentos de crisis, cuestionamientos y persecuciones. Debemos reconocer que en el presente vivimos uno de estos momentos. No dudamos que en el corazón de algunos hermanos nuestros pueden surgir desalientos, dudas e incluso hasta sospechas; no faltan acusaciones, fundadas o infundadas, que nos hieren y separan. Hermanos, vivimos momentos en que es necesaria una respuesta muy madura, llena de humanidad y de fe.

Pedro pregunta, como todo ser humano, si será hasta el encuentro con el Resucitado cuando tenga certeza y fortaleza. Nosotros hemos de recorrer el camino del Crucificado para encontrarnos con el Resucitado, experimentando esa misma certeza y fortaleza en la vida. Solo así podremos encontrar la fe y la comunión para cumplir nuestra misión en la tierra alentados por las palabras de Jesús: “…he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32).

Dios nuestro Padre, en su infinita bondad, quiso llamarnos a la vida. Somos seres humanos con toda la complejidad que esto implica y, por la dependencia mutua que tenemos, con una relación necesaria con el resto de la creación, que hemos de amar y custodiar para mantener este don inicial de la vida. Además, anhelamos no solo vivir, queremos una vida plena por un estado de felicidad completo, mismo que solo será posible si contamos con una luz verdadera y cierta que clarifique e ilumine el caminar de toda la humanidad y de cada ser humano en particular.

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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Todos los días recibimos y emitimos miles de mensajes de manera consciente o inconsciente que influyen en nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Somos seres comunicativos, posiblemente el lenguaje sea lo que más nos define como humanos, tenemos una esencia comunicativa.

La comunicación tiene una fuerza creadora muy grande, no solo crea discursos y mensajes, crea realidades, relaciones, proyectos, y mundos. Con nuestra forma de comunicarnos podemos crear o destruir, podemos elevar o hundir, podemos engrandecer o empequeñecer, en definitiva podemos transformar.

Además de la comunicación personal, las teorías de la comunicación han mostrado y demostrado los grandes impactos que tiene la comunicación social en el diario vivir de nuestras vidas.

La Iglesia no es ajena a esta realidad maravillosa de la comunicación, desde las épocas de los primeros cristianos la Iglesia ha sido aprendiz y al mismo tiempo maestra, creciendo y adecuándose a cada época, sus contextos y retos.

El 4 de diciembre de 1963 marca una etapa fundamental en la relación entre la Iglesia y los medios de comunicación. Ese día se cierra la sesión pública del segundo periodo del Concilio Vaticano II y se realiza la votación del Decreto sobre los instrumentos de la Comunicación social, Inter Mirifica.

Por primera vez aparece la definición de comunicación social. Es la primera vez que un concilio ecuménico habla de comunicaciones sociales, de los “instrumentos” fundamentales en la misión de la Iglesia en grado de reducir distancias con facilidad, rapidez y de forma atrayente. Inter Mirifica reconoce así la dimensión kerigmática de los “mass media”, instrumentos de evangelización, útiles para la difusión de la Buena Nueva.

Inter Mirifica dispone también que todos los años se celebre la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en ocasión del domingo de la Ascensión del Señor. Así, desde 1967 para esta jornada, los pontífices preparan un mensaje sobre los distintos aspectos de la comunicación social.

Este mes de enero, será el séptimo mensaje del Papa Francisco para esta Jornada Mundial de las Comunicaciones. Cada mensaje que ha compartido es un gran aporte y reflexión para todos los católicos. Estos son los títulos de los mensajes del Papa Francisco que vale la leer y reflexionar:

2014: La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro

2015: Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor.

2016 – Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo

de la Ascensión del Señor.

2017 – “No temas, que yo estoy contigo” (Is 43,5). Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos

2018 – “La verdad os hará libres” (Jn 8,32). Fake news y periodismo de paz

2019 – “Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana

Al celebrarse el 24 de enero, el día de San Francisco de Sales, patrono del comunicador católico, pidamos por todos los que se dedican a esta valiosa labor, pero sobre todo, busquemos cada uno de nosotros ser comunicadores fieles al Evangelio, capaces de desarrollar las nuevas competencias que exigen la realidad actual: diálogo, empatía, misericordia y verdad.

Pastoral Siglo XXI

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A partir del mediados de este mes de enero se inaugurará en el Museo Arquidiocesano de Arte Sacro (MAAS) la exposición “Pontifex”. Esta muestra temporal constará de piezas del patrimonio arquidiocesano relacionadas con San Pedro y sus sucesores.

Como todos bien sabemos, para la Iglesia el apóstol Pedro es una figura esencial; Nuestro Señor le dio un lugar único y la Iglesia siempre, desde la misma vida del Señor, ha dado un reconocimiento peculiar a Pedro y a sus sucesores hasta llegar a Su Santidad el Papa Francisco.

El lugar que el apóstol Pedro y sus sucesores han tenido en el corazón del pueblo cristiano se ve reflejado en su patrimonio: múltiples obras de arte se crean para ver reflejada la devoción que la comunidad ha sentido por el Príncipe de los Apóstoles y por supuesto por el Papa reinante.

Así, esta exposición exhibirá retratos de san Pedro y de los Papas, objetos que les pertenecieron o algunos otros relacionados con el Sumo Pontífice como documentos relacionados con estos temas.

Se exhibirán por primera ocasión al público obras de la Santa Iglesia Catedral, la Basílica de La Purísima, el Secretariado de Pastoral Social, del Archivo Histórico Arquidiocesano, del mismo MAAS y de otras colecciones eclesiales y privadas.

No se expondrá todo lo que se tiene en la Arquidiócesis, pero sí ciertamente será una selección de lo más interesante del patrimonio arquidiocesano con el tema petrino y del papado.

Un dato interesante: desde que la ciudad fue fundada definitivamente en 1596 a la fecha han habido 36 papas y desde la creación de la diócesis de Linares (Monterrey) en 1777 a la fecha se cuentan 17 pontífices.

Para las fechas exactas de la exposición “Pontifex” los invitamos a consultar el Facebook Museo Arquidiocesano de Arte Sacro. 

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Blanca Elva Cerda Valdez

La amo. Sé que la amo. Ayer la volví a ver. No hay muchacha en todo Nazaret como ella. Su rostro es como una de esas flores blancas que se recuestan en las colinas cuando es primavera. Su nombre es María. Estaba con sus amigas, junto al pozo. Escuché su risa; el fondo del pozo la llevó a mis oídos. Su eco me llenó de alegría. Entonces me miró. Fue como si el sol me tocara en pleno medio día… 1

Así se expresa José cuando habla de María, con amor, admiración y ternura, sin saber aún que era la elegida para ser la Madre de Jesús, el hijo de Dios. Y qué gran ejemplo nos da acerca del trato hacia la mujer, quien junto con el hombre son la más hermosa creación de Dios y el principal elemento de la sociedad, la cual no puede funcionar sin el equilibrio perfecto que son los dos trabajando por igual.

No se trata de ser superiores ni de entablar una competencia desmedida por quién es mejor, sino de resaltar nuestras virtudes viviendo plenamente en armonía, igualdad y paz en la sociedad, desarrollándonos día a día para ser mejores seres humanos en un mundo donde el amor, la aceptación y la tolerancia deben ser los protagonistas.

La misión de la mujer en el mundo es dar vida, enseñar, guiar, inspirar, es el corazón que nutre, protege, que da calor, atención. Tanto hombres como mujeres procedemos de una mujer. A quien el Señor le ha permitido ser madre es privilegiada y honrada de ser elegida para llevar en su cuerpo una nueva vida.

El rol de la mujer a lo largo de la historia ha ido evolucionando de acuerdo con el don y llamado que Dios nos ha dado; en la actualidad somos estudiantes, profesionistas, emprendedoras, independientes, trabajamos o decidimos dedicarnos al cuidado de los hijos, somos transformadoras de la sociedad y así, revelamos el plan maravilloso que Dios tiene para cada una, dándonos ese diseño divino para nuestra feminidad.

Lamentablemente, existen ideologías, como el machismo, donde la mujer es cosificada, por muchos hombres, vulnerando su dignidad, su integridad, su esencia e ignorando el empeño y dedicación que Dios ha puesto en ella, razón suficiente para no ser considerada inferior al hombre. Dios no creó a la mujer débil, aunque su anatomía se considera frágil, comparada con la del hombre.

Es tiempo de aclamar con responsabilidad el respeto y dignidad para todas las mujeres que son ultrajadas y abatidas, las mujeres nos recordamos que somos únicas, bellas por dentro y por fuera. Que no tenemos límites ni nadie quien nos limite. Que somos las mujeres del presente, las hijas predilectas, las madres amorosas, las amigas incondicionales, las esposas y/o compañeras de aventuras de vida, las nietas queridas y adoradas, y sobre todo somos nosotras mismas en su máxima expresión.

Es tiempo de reconocer que toda mujer es Isha Betel: Casa de Dios y que merece ser tratada como tal, pues una mujer es un ser humano llena de virtudes que merece días enteros de entrega y dedicación.

Convencida estoy que en este tiempo más que en ninguno, la mujer posee todos los recursos para brillar con esa luz propia que su Creador puso en ella sin importar que en este siglo muchos, valiéndose de su liderazgo, busquen opacarla.

Por ello es importante decirles a las mujeres de hoy en día: levanta la cabeza, sonríe, ámate, sé feliz, lucha por alcanzar lo que quieres, vete de donde no te valoren, alza la voz, reclama tu lugar en la sociedad. Es tu tiempo, pues cuando Dios te creó, se lució contigo…

1 Testigos del Señor Jesús, Enrique Ponce de León Garciadiego, S.J., 1999

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Pbro. Rodolfo A García Martínez

Podríamos comparar la definición de bien común que nos da el Concilio Vaticano II con la definición de paz que nos da Johan Galtung, teórico de los estudios de paz, para ver si se pueden encontrar similitudes, y redescubrirnos, en cuanto seguidores de Cristo, nuestra paz (Ef 2,14), en constructores de paz en la ciudad, en la cotidianeidad.

Ambos tienen dos presupuestos teóricos sin los que no se podrían realizar, ni la paz ni el bien común, (o más bien “las paces” y “los bienes comunes” como podríamos llamarlos para salir de la abstracción y entrar en lo concreto); esos presupuestos son la interdependencia y la dignidad humana; ambos explicados frecuentemente por el Papa Francisco en sus discursos con palabras sencillas: “todo está conectado” nos dijo en LS (16) para proponernos un replanteamiento global del modo en el que estamos viviendo y que “Cristo nos amó, dio su vida por nosotros, por cada uno de nosotros, para afirmar nuestro rostro único e irrepetible”, nos lo dijo en el XL Encuentro de Amistad entre los pueblos, 2019.

Muchas veces, cuando invitamos a participar en la pastoral social (o a que toda formación y agrupación cristianas tengan una dimensión social), cuando animamos a los políticos a dar testimonio, a la ciudadanos a comprometerse o cuando recordamos a los laicos la importancia de que su santidad “se exprese en la inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas” (ChL 17) citamos el concepto de bien común.

Lo que muchos tenemos en la memoria es que el bien común es “el conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (GS 26). Se refiere a todas esas cosas que nos ayudan a ser cada vez más nosotros mismos en lo personal, pero también comunitariamente. El mismo número del Vaticano II lo concretiza: se trata del “alimento, vestido, vivienda, libre elección de estado, fundar una familia, educación, trabajo, buena fama, respeto, información, a obrar de acuerdo a la norma recta de la propia conciencia, a la protección de la vida y a la justa libertad”; todos son al mismo tiempo elementos básicos o condiciones para que haya una paz verdadera.

En ese sentido lo primero que hay que decir es que la paz es multidimensional; se trata de muchas cosas en conjunto, de un ideal hacia el cual caminar a través de muchos caminos. En la teoría de Johan Galtung se plantean cuatro necesidades básicas que serían como las avenidas para llegar a la paz: supervivencia, bienestar, identidad y libertad (la suma de estos cuatro elementos definiría la paz). Cada una tiene su contrario: mortalidad, sufrimiento, alienación y represión.

Estas negaciones de la paz (y del bien común), se hacen presentes en las sociedades por medio de tres tipos de violencia (que se pueden constatar en nuestro querida ciudad): la violencia directa, como golpear a una mujer o disparar a niños, quizá nos venga a la memoria el nombre de Abril Pérez o los episodios de hace meses en Escobedo o Zuazua; la violencia estructural, como cuando a una madre no le dan razón de su hijo detenido y desaparecido (hubo 2,919 personas desaparecidas en NL entre 2016-2018, según desaparecidos-nl.mx); o como cuando mucha gente trabajadora, como los taxistas o las trabajadoras del hogar no tienen acceso a la seguridad social; y la violencia cultural, esa que se muestra cuando se insulta a las mujeres cuando alguien maneja mal (y te serena al ver que es un hombre), la misma que te mueve a agradecer al cielo por haber tenido un hijo varón “porque sufren menos”, o autoriza a negar un trabajo por la presencia de una discapacidad o un puesto por el sexo. Todas estas violencias, cuando presentes, golpean al ser humano y provocan una degradación de la calidad de vida para todos. Una vez identificadas deben ser combatidas.

En el corazón de la construcción de paz, de la búsqueda del bien común, radica la mirada fraterna de considerar al otro parte de mí, de la compasión que me permite sentir/experimentar con el otro, de la conciencia de que cada grito de sufrimiento va dirigido a todos los oídos y si no se escucha, si retiramos la mirada del dolor de las víctimas, afirmamos tácitamente que nos gusta el mundo en el que vivimos o damos un voto de desconfianza contra el hombre mismo.

La paz no es ausencia de guerra (GS 78) o violencias, se trata también de actuar propositivamente en la construcción y promoción de todo lo que nos ayude a ser mejores personas, a relacionarnos mejor con los demás, a cuidar de la tierra y de los pobres, a buscar y hallar la voluntad de Dios en nuestra trinchera personal.

La paz es la realización del bien común en lo concreto de nuestro entorno. “Es como una casa con muchas estancias en la que todos estamos llamados a habitar”, es una casa común “que no soporta muros que separen y enfrenten a los que viven allí”. Hay un futuro bueno para todos, “por eso es necesario rezar siempre y dialogar en la perspectiva de la paz ¡los frutos vendrán! No tengamos miedo porque el Señor escucha la oración de su pueblo” (Francisco, Encuentro de Oración por la Paz 2019). ¡Feliz Jornada Mundial de la Paz 2020! (1 Enero).

Pbro. Rodolfo A García Martínez

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Sí, la de las bodas. Monterrey conoce esta parroquia el día de hoy por ser la iglesia, por excelencia, para casarse. Con años de anterioridad la agenda se llena y conseguir una fecha es una proeza que pocos novios consiguen. Su disposición armoniosa, su tamaño proporcionado y el entorno urbano en el contexto de la Macroplaza la hacen un lugar ideal para los novios.

Ahora le ha llegado su turno en esta serie de artículos de las parroquias antiguas de la ciudad. Curiosamente, y a pesar de haber comenzado su historia en el siglo XIX, no existe hasta el día de hoy un estudio histórico amplio de esta parroquia que es indudablemente una de las principales de la Arquidiócesis.

Esperamos que estas páginas sean una contribución para valorar su historia y su patrimonio. 

INICIO DE LA CONSTRUCCIÓN. AÑO 1874

“(…) empezó a erigirse el 15 de febrero de 1874, por la Sociedad Católica de Señoras, en terreno donado por Antonia Arrese y con limosnas colectadas por Indalesia Berridi de Pacheco” (CAVAZOS, Israel en Enciclopedia de México, voz Monterrey).

Confirmando lo anterior, entrando a la parroquia hay una placa con la siguiente inscripción: “D´INDALECIA VERRIDI DE PACHECO * AGOSTO 8 DE 1825 + FEBRERO 27 DE 1897 INICIO PROMOVIO Y PROCURO LA ERECCIÓN DE ESTA IGLESIA Y AYUDO A SU EDIFICACIÓN MORAL Y MATERIAL HASTA SU MUERTE ORAD POR SU ALMA”.

Es de subrayar la diferencia entre el nombre consignado por Cavazos y el nombre presente en la placa de piedra; en esta última es de lamentar que en la parte superior tuvo alguna imagen devocional o un retrato de la difunta que se ha perdido.

“(…) suspendida por 15 años la obra, la reanudó el obispo López y Romo, encomendándola al presbítero Leonardo Garza Flores” (CAVAZOS).

El mencionado obispo Jacinto López y Romo fue obispo de Linares (Monterrey) del año 1886 al año de 1899, en 1891 es nombrado primer Arzobispo.

Acerca del mencionado presbítero, Portillo menciona: “Siendo Canónigo de Catedral en 1874 inició la construcción de la Parroquia (…) aunque no le tocó terminarla”. (Diccionario de Clérigos).

1894. NUEVA PARROQUIA: CON SEDE EN EL ROBLE

El libro I de Gobierno de la Parroquia del Sagrado Corazón (Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey) comienza con el decreto de erección fechado el 19 de diciembre de 1894 “(…) expresada la necesidad que en su concepto había de dividirse esta parroquia (la del Sagrario)”. Es importante subrayar que en este tiempo la ciudad solo tenía una parroquia que era la del Sagrario (Catedral), es en esta época en la cual Monterrey comienza su industrialización y con ello la expansión urbana.

Así la única parroquia será dividida con la creación de tres nuevas: “una del Sagrado Corazón, provisionalmente en el Templo del Roble, mientras se concluye y se pone en uso el que se está edificando”. El edicto explica que el templo está edificándose y es por eso que no será definitiva la sede parroquial en El Roble.

La nueva parroquia tendrá una feligresía de 16,162 fieles; sus límites territoriales será todo el norte de la ciudad desde la calle de Matamoros hasta abarcar el Topo Chico, san Nicolás de los Garza y Escobedo.

Días más tarde se nombra al Pbro. Francisco de la Garza Martínez como cura interino de la nueva parroquia “Cuya administración residirá en la Iglesia del Roble que está a su cargo por mientras se concluye el templo parroquial que se está edificando”. El nombramiento está firmado por el Sr. Arzobispo López y Romo el 29 de diciembre de 1894. El Pbro. Leonardo Garza sigue aún al tanto de la obra.

Así, a fines de este año se erige la parroquia del Sagrario Corazón sin tener su templo en condiciones de ser la sede de la comunidad y curiosamente la primera sede de la nueva parroquia será ¡El Roble!

1896 IMAGEN DEL SAGRADO CORAZÓN

El 7 de febrero del Sr. Arzobispo recibe la cantidad de 600 pesos que fue el monto necesario para adquirir la imagen del Sagrado Corazón que aún preside la parroquia. El monto fue recaudado por muchos donantes, la imagen “que se está haciendo en Barcelona (…). Dicha escultura ha de ser igual a la que se venera en México en el Templo que fue del Antiguo Convento de San Francisco”. Además, se menciona que se solicitó al mismo escultor que hizo aquella por medio de un sacerdote jesuita que en ese momento era el capellán de ese templo.

1896. VISITA PASTORAL SR. LOPEZ Y ROMO

El Arzobispo hace la visita pastoral a la parroquia del Sagrado Corazón situada en El Roble dónde “se estableció provisionalmente el centro del despacho y servicio del curato, mientras se concluye la obra del templo parroquial que se halla en construcción”. En el acta de dicha visita se detalla el estado del Santuario del Roble pero se omite ir a la construcción del nuevo templo. No hay ningún comentario a la edificación excepto lo antes mencionado. La visita se realizó el día 30 de junio.

1899. LA PARROQUIA DEJA EL ROBLE

Tres años después, el mismo Sr. López toma la decisión de “(…) trasladar el centro de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (…) al Templo que se está construyendo y el cual tiene habilitada una capilla que aunque pequeña puede servir (…) mientras se termina (…)”. El decreto fechado y firmado el 25 de abril de 1899 menciona que se hará efectivo el cambio a partir del lunes 1 de mayo del ese mismo año. Aquí es conveniente subrayar por qué nunca se pensó que tuviera la parroquia su sede definitiva en el Roble: este templo siempre se consideró exclusivo para la promoción de la devoción a la Patrona de la Ciudad.

Otra duda surge ¿cuál fue la capilla que “aunque pequeña puede servir”? Probablemente se trate de la capilla del Rosario que vemos hasta el día de hoy hacia el poniente de la nave principal. Apoyando esta hipótesis, Cavazos afirma que en 1889 se bendijo la sacristía, la cual se encuentra adjunta a la capilla de Nuestra Señora del Rosario. El dato que sí habría que corregir, dado todo lo antes expuesto, es lo dicho por Cavazos en el cual afirmaba que el templo “para 1891 estaba casi concluido”, ya que, como hemos visto, en 1899 aún “se está construyendo”.

1899. CAMBIO DE PÁRROCO

En la misma fecha del decreto anterior el Sr. López firmó el nombramiento del nuevo párroco Luciano de la Paz, a quien “Muy especialmente le encargo la continuación de la obra del templo parroquial”. Asimismo, se menciona al Pbro. Leonardo Garza Flores que “hasta ahora había tenido a su cargo como encargado de la capilla y de la obra del templo”.

1899 PARROQUIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

A fines de siglo se erigirá una nueva parroquia a la cual corresponderá el creciente norte de la ciudad. La nueva parroquia será la de la Santísima Trinidad (Calzada Madero) que tendrá una población estimada en 12,000 habitantes. Así, el 20 de diciembre se firma el decreto quitando al Sagrado Corazón una enorme área; la división parroquial será la calle de Isaac Garza. El Sagrado Corazón ahora solo tendrá parte del centro de la ciudad y ya no los municipios antes mencionados.

Por ahora nos detenemos en esta introducción a la historia de esta parroquia. En pocos años ha avanzado mucho y esto de la mano con el vertiginoso crecimiento de Monterrey a fines del siglo XIX.  

Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert

Centro de Investigación Histórica CIHAM

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No cabe duda que la Iglesia de Monterrey, necesita de muchas vocaciones sacerdotales y religiosas, para cubrir todas las necesidades pastorales que la “gran ciudad” demanda. Sin embargo, no por ellos a lo largo de la historia de esta Iglesia diocesana se ha dejado de apoyar a otras diócesis que necesidad de vocaciones.

Hoy queremos compartir cuatro testimonios de sacerdotes que actualmente se encuentran de misión o ejerciendo su ministerio al servicio de la Iglesia.

PADRE GONZALO CHAIRES ACOSTA /TIERRA CALIENTE MICHOACÁN

El padre Gonzalo sirve en la parroquia de los Sagrados Corazones de Jesus y de María, en la diócesis de Apatzingán en el estado de Michoacán. Concretamente esta parroquia se encuentra en el municipio de Nueva Italia de Ruíz, en la llamada Tierra Caliente Mexicana de la cual es la 2° ciudad más poblada al registrar según el Censo de Población y Vivienda de 2015 una población de 55,397 solo por debajo de Apatzingán y por encima de Ciudad Altamirano.

El padre Gonzalo es un pastor cercano a los fieles siempre dispuesto a servir a todos niños, jóvenes, adultos y mayores. Su parroquia cuenta con un número importante de comunidades a las cuales constantemente está visitando.

PADRE ROGELIO NARVÁEZ MARTÍNEZ/ CEPS CÁRITAS CIUDAD DE MÉXICO

El Padre Rogelio Narvaéz se encuentra sirviendo a una de las estructuras más importantes de la Iglesia, su ministerio sacerdotal lo brinda en la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Caritas Mexicana, la cual en palabras sencillas tiene la misión ayudar a los que ayudan, impulsando la fe en todas las dimensiones sociales, buscando apoyar siempre a los más pobres de nuestra sociedad.

Para ello día a día el padre Rogelio coordina y apoya a la Iglesia de México, junto con los Obispos Responsables de las diferentes comisiones por medio de Cursos y Talleres, encuentros de reflexión y acción, trabajo de campo en apoyo a la diversidad operativa de la Caridad, escuela de la Caridad para directivos, entre muchas otras actividades pastorales y de logística.

Las oficinas de CEPS-CARITAS, se encuentran en la ciudad de México, desde donde se opera las actividades del padre Rogelio.

PADRE REYNALDO DÍAZ /BÉLGICA

Hoy la Iglesia de Europa enfrenta grandes retos, uno de ellos la escasez de vocaciones sacerdotales y Bélgica no es la excepción, por ello ha tenido que recurrir a diócesis de América para cubrir las necesidades pastorales.

Si bien Bélgica se reconoce como un país de católicos en los últimos 20 años ha crecido de manera significativa el laicismo radical.

El Padre Reynaldo fue llamado a realizar su ministerio sacerdotal en esta realidad, concretamente en la diócesis de Gante, en Bélgica, una parroquia que atiende dos comunidades: Lokeren-Moerbeke.

La tarea pastoral del padre Reynaldo es acompañar la vida parroquial de estas comunidades, celebraciones liturgicas, organización de la caridad y formación cristiana, lo cual lo hace día a día con alegría, fe y mucho entusiasmo.

OSCAR ZAVALA CARRILLO/ SIERRA DE DURANGO

El Padre Oscar realiza su ministerio pastoral como Vicario Parroquial de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Tayoltita, San Dimas, Dgo. Un municipio aislado del resto de la entidad, por las barreras naturales de su abrupta serranía, y la carencia de carreteras asfaltadas que lo comuniquen con la capital durangueña.

En la Sierra de Durango hay personas muy humildes que se dedican a la minería, agricultura de subsistencia, ganadería y corte de madera son las actividades predominantes en la región, otros más, se dedican a la siembra de la amapola y mariguana. A lo largo de la sierra madre Occidental se encuentran los líderes y cabecillas del narco, que protegen estos extensos territorios y sembradíos, dedicados a la producción y el trasiego de la droga.

La comunicación con Tayoltita es complicada, el camino es sumamente accidentado, ascendiendo primeramente hasta llegar a una altitud de 2,900 metros sobre el nivel del mar, para luego descender hasta el fondo de la barranca donde se encuentra Tayoltita a solo 492 metros de altitud, la distancia total que lo separa de la capital del estado es de 235 kilómetros que son recorridos aproximadamente en 8 horas.

En esta realidad geográfica y social el padre Oscar buscar servir a semejanza de Jesús el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.

Oremos ellos y los demás sacerdotes que se encuentran de misión, para que Dios les siga bendiciendo, los llene de alegría en su generosa entrega al servicio de la Iglesia en cada rincón del mundo.
#IglesiaDeMonterrey

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El Arzobispo de Monterrey Mons. Rogelio Cabrera López ha tenido a bien erigir 12 misiones parroquiales en la Arquidiócesis de Monterrey desde su llegada, algunas de las cuales ya se han convertido en parroquias.

            Pero, ¿Qué es una misión parroquial?

            Las misiones parroquiales, son un camino alternativo para brindar el cuidado pastoral a las comunidades de fieles que por circunstancias especiales no pueden ser erigidas como parroquias (cf. c. 516 §2). Han sido muy fructífera en nuestra Iglesia local, por ello siguen erigiéndose en diversas comunidades que van iniciando su camino con el fin de consolidarse como una comunidad estable de fieles. 

            Nuestro Arzobispo ha manifestado su preocupación: “por no solo ser un conjunto de personas cohabitando, y no una verdadera comunidad fraterna que integra a todos y que cada uno enriquece con su propia persona, especialmente impregnando la sociedad con el espíritu cristiano”. Es por ello que constantemente ha procurado erigir nuevas comunidades y con gusto ha escuchado las propuestas que los fieles, sacerdotes y laicos, le hacen al respecto.

            Mons. Rogelio Cabrera ha señalado al respecto: “Uno de los retos importantes de nuestra Iglesia, y por ello una de mis preocupaciones como padre y pastor, es responder pastoralmente, en especial en lo referente al acompañamiento pastoral, al gran crecimiento demográfico que experimenta nuestra ciudad. Es mi obligación despertar, primero, conciencia de ser una comunidad en los diversos grupos de fieles y proveerlos a todos, en la medida de lo posible, de un pastor propio que los acompañe, guíe y al mismo tiempo crezca espiritualmente con ellos”.

            Iniciar una misión parroquial no es sencillo, en muchos de estos lugares solo hay algún terreno y una pequeña capilla, por ello los sacerdotes que han sido asignados a esta misión muestran gran disponibilidad y apertura para ir a construir una comunidad.

            “Reconozco la generosidad y entrega de nuestro presbiterio al iniciar estas comunidades sin la seguridad de una estructura estable previa, pero hoy quiero agradecer a toda la comunidad diocesana, pues la vida de las misiones parroquiales es fruto de toda la Iglesia: de los fieles que la conforman, que habrán de esforzarse en dar solidez a la labor evangelizadora y de culto para llegar a constituirse en parroquia; y del resto de la Iglesia de Monterrey, pues con su oración y apoyo en la evangelización colaboran a que la misión alcance la deseada madurez, y con sus bienes materiales ayudan a que se tenga lo necesario para alcanzar los fines que estas comunidades se proponen”, mencionó el Arzobispo de Monterrey.

            Sigamos orando todos como Iglesia, por estas nuevas comunidades, la Iglesia de Monterrey es una Iglesia que crece rápidamente y necesita de fieles, consagrados y sacerdotes comprometidos con el proceso de evangelización.

Juan Pablo Vázquez Rodríguez

Director Editorial de Pastoral Siglo XXI


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