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Durante la pandemia, la Iglesia de Monterrey no ha dejado de realizar diversas acciones materiales y espirituales en favor de los fieles, te compartimos cuatro de ellas:

Comedor Nuestra Señora del Rosario en Juárez, N.L.

Diariamente la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, ubicada en el Centro de Juárez N.L., distribuye 200 comidas. Las personas con escasos recursos acuden de lunes a viernes por su comida calentita recién preparada, mientras que a otros más, que por enfermedad o edad no pueden acudir, les es llevada a su hogar.

Además, en torno a esta pandemia se han estado distribuyendo despensas a las cuales las personas en situación de pobreza han podido tener acceso.

DIRECCIÓN: Zaragoza 505 Centro, Juárez, N.L. TELÉFONO: (81) 82 33-00 83.

Casa Nicolás

Durante la Semana Santa y contingencia, tienen 48 personas viviendo en el albergue,

resguardadas, permanecen en la casa con todos los servicios, las tres comidas para enfrentar la coyuntura de la pandemia.

DIRECCIÓN: Emiliano Zapata 4417, esq. con Serafín Peña. Col. Guadalupe Victoria Guadalupe, N.L. TELÉFONO: (81) 21 69-82 32

Casa INDI

Diario sirven 2,000 platillos y más de 70 migrantes reciben alimento, alojamiento y servicio    médico. Miguel Nieto 2506 Norte,

DIRECCIÓN: Col. Industrial C.P. 64440, Monterrey, N.L. TELÉFONO: (81) 83 74 72 21

Casa Monarca

Quienes se dedican a la ayuda humanitaria al migrante, ha entregado despensas para familias refugiadas, que no tenían acceso a los programas sociales por no tener INE.

DIRECCIÓN: Privada Nicolas Bravo 510, Santa Catarina, N.L. TELÉFONO: (81) 8390 6305

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Con el paso de Jesús sacramentado por las calles de nuestros municipios, inició el pasado domingo 5 de abril, la Semana Santa 2020; una muy especial y diferente semana debido a la contingencia sanitaria del COVID-19  y el confinamiento social, por tal motivo algunos sacerdotes de la Arquidiócesis de Monterrey, sumando esfuerzos con los fieles, tomaron la decisión de llevar a Jesús sacramentado por las calles de sus sectores.

Durante el recorrido del Santísimo, entre casas decoradas con palmas y ramos agitados en las manos de sus habitantes, se escuchaba el grito de:“VIVA CRISTO REY”.

RECORRIDO DEL SANTÍSIMO DE LAS 2 DE LA TARDE A LAS 6 DE LA MAÑANA

Compartimos algunos testimonios de los sacerdotes en esta nueva experiencia:

“Es una sed del amor de Dios, ya son casi tres domingos que las personas no han podido asistir a la Eucaristía y ahora no me salen las palabras para expresar tan grande amor que le tienen”

“Las personas salen de sus casas, se hincan, ríen, lloran y aún en madrugada siguen en la espera de que Jesús sacramentado llegue hasta ellos, es impresionante ver esta respuesta, no hay explicación a todo esto; sólo el amor que todo lo da”.

Pbro. Alejandro Ramos Cantú,

Párroco Santo Cristo por las calles


SANTO CRISTO

Por su parte, el Pbro. José Luis Gauna Dávila, caminó por las calles de su comunidad con el Santo Cristo de su parroquia, bendiciendo a su paso personas y casas. Invitó a vivir este tiempo como una oportunidad de encuentro con Dios y familiar.

“Unirnos todos en el ámbito pastoral-espiritual a través de los medios virtuales y lograr una adhesión más profunda a Jesús en la oración, desde nuestras casas y familias; el motivo de esta contingencia es una verdadera manifestación de reflexión y oración que nos lleva al encuentro de nuestro Señor”.

Pbro. José Luis Gauna Dávila

Parroquia Santo Cristo, Monterrey

Administrador Parroquial


EL JUEVES SANTO

Hoy es el día del Sacerdote y de la Eucaristía, hoy ha sido un Jueves Santo especial para muchas personas con fe, pero muy especial también para los sacerdotes. Además Dios me concedió vivir una experiencia única, llevando el Santísimo por las calles de mi parroquia y ver la fe de la gente. Siempre me he preguntado, ¿quién ayuda a quién?

Gracias a todos los fieles de Mater por su testimonio de fe, no me lo han contado, yo lo vi hoy. Un día para guardarlo en la memoria y nunca olvidarlo”.

Recen porque seamos buenos instrumentos de Dios. En mis oraciones”.

Padre Javier de la Torre Castaño

Adscrito – Parroquia Mater Admirabilis

Secretario Canciller


La mayoría de las parroquias de nuestra Arquidiócesis de Monterrey, realizaron esta actividad o una similar, en la medida de las posibilidades y salud del párroco.

Muchas gracias a Dios por esta experiencia de misericordia, en este tiempo de reto y dificultad.

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CAPILLAS ANTIGUAS XXIII

Primera Parte

Hace cuatro años y medio comenzamos una serie de artículos que busca enlistar y presentar una introducción histórica a cada una de las capillas antiguas de nuestra Arquidiócesis. La expectativa inicial era de, probablemente, llegar a una docena; en esta entrega alcanzamos el trigésimo tercer artículo. Ya van varias ocasiones que creemos ya cerrada esta lista y así ha aparecido otra y luego otra más, esto siempre teniendo el criterio de ser anteriores al año 1900.

Hace algún tiempo el Párroco de Mina, N. L. nos hizo favor de notificarnos que en el ejido de la Popa perteneciente a este mismo municipio existen dos capillas: la nueva y la antigua. Comencemos por dar algunos datos del lugar.

SAN JOSÉ LA POPA.

El nombre, curioso ciertamente, de La Popa proviene de un cerro cercano, imponente, cuya forma tiene semejanza con la popa de un barco, es decir, la parte trasera del mismo.

Es un pequeño ejido está localizado a 50 minutos de la cabecera municipal; se sale de Mina por la carretera a Monclova en esta dirección y más adelante se toma un camino vecinal que en un primer tramo está revestido para después ser un camino más precario. San José la Popa está localizado hacia los límites del Estado con el vecino Estado de Coahuila.

BERNABÉ DE LAS CASAS.

El origen de este lugar se encuentra ligado al español Bernabé de las Casas (1573 – 1632). Israel Cavazos señala que fue el poblador de gran parte del Valle de las Salinas, además señala que legó a su hijo Marcos las tierras de San José La Popa, Cavazos no afirma que Bernabé de las Casas haya fundado La Popa, sólo indica que legó las tierras a su hijo (Diccionario biográfico). Por su parte Valentina Garza (Movilidad social, CIESAS) indica que “Bernabé de las Casas estableció la hacienda San José de la Popa, con la compra de unas tierras a Diego de Huelva”; la venta de estas tierras según Cavazos se realizó el 29 de julio de 1616. Así los orígenes de este ejido se remontan a los primeros años de la colonización del Nuevo Reino de León a inicios del siglo XVII.

VENTA DE TIERRAS.

No tenemos más noticias de aquellos lejanos y recónditos lugares hasta la venta que hacen Ma. Gertrudis de Ancira y Juan Antonio Pérez de Ancira “de tierras y agostaderos que heredaron en La Popa”, la venta se realizó el 4 de marzo de 1776 a José Salvador Lozano (CAVAZOS, Catálogos y síntesis, No. 2533).

Años más tarde Francisca Javiera de Elizondo al hacer testamento el 17 de febrero de 1785 incluye entre sus posesiones “la parte de tierra que heredó de sus padres en el agostadero de La Popa” (No. 2754).

Aquí surge una primera pregunta: ¿El agostadero mencionado es el que aún está a las orillas del ejido? Los añosos e imponentes árboles que crecen cerca de él parecieran responder que sí, son magníficos, y más considerando que están localizados en medio del desierto de Mina.

De estas dos reseñas de Cavazos hay que subrayar algo: no se menciona a san José en el nombre sino sólo “La Popa”. Habría que ver los documentos originales para ver si así están escritos.

CAPILLA NUEVA Y ANTIGUA.

Como ya habíamos comentado en el ejido se posee una capilla nueva y una antigua, ésta en ruinas. Cruzando la pequeña plaza desde la nueva se encuentran las ruinas de la antigua, más precisamente en contra esquina de la plaza, por las calles Victoria González y Agustín Serna. El frente de la capilla da precisamente a esta última calle. El terreno, propiedad de esta Arquidiócesis, mide 11 mt de frente por 41 mt de fondo aproximadamente. La capilla en su interior midió los mismos 11 mt de frente por 4 mt de fondo. Las ruinas tienen una orientación poniente – oriente estando lo que fue el ábside al oriente de la construcción.

De las cuatro paredes que tuvo la capilla quedan únicamente dos en pie. La de la calle (norte) y la de ábside (oriente). De las otras dos paredes no queda nada excepto el ángulo surponiente, es decir, el ángulo de lo que fueron las paredes exactamente contrarias a lo que existe aún en pie. Este ángulo, al cual no podemos llamar columna por que no lo es, presenta un elemento importante: un contrafuerte adosado hacia el sur. De hecho el extremo de la pared del ábside al sur posee otro contrafuerte. Estos dos elementos pudieran indicar el motivo del abandono de esta capilla.

ABANDONO.

La pared, hoy inexistente, al sur está cerca de un pequeño barranco de un par de metros de profundidad que hoy está lleno de maleza ¿Este pequeño barranco está conformado por material inestable que dañó la capilla? Pudiera ser que sí y eso mismo sería el por qué a lo largo de su historia se colocaron esos dos contrafuertes de piedra. De hecho la pared del ábside posee una enorme grieta vertical que se abre precisamente hacia el lado del barranco. Muy seguramente la construcción comenzó a dar tal cantidad de problemas que mejor se optó por una capilla nueva, ésta se edificó, se trasladaron allá los objetos de la comunidad y ésta habría quedado en desuso colapsándose el techo sobre el piso y luego las paredes poniente y sur.

DESCRIPCIÓN 1962.

En el Departamento de Asociaciones Religiosas de la Arquidiócesis se cuenta con copia de las escrituras de la capilla antigua, el documento está fechado el 12 de septiembre de 1962, sólo habla de la capilla antigua, no hace mención alguna a la existencia de la otra, por lo tanto es de suponerse que la nueva aún no existía. En este documento civil se hace una valiosísima descripción de la capilla:

“Construcción simple con una ventana enrejada a la calle, en la parte superior espaldaña de piedra con una campana pequeña y remate con cruz de fierro, el material (…) piedra de sillar con enjarre de mezcla, los pisos son de cemento, paredes blanqueadas con cal, techo de terrado o hormigón sobre morillos (vigas de madera redondas) y duela del mismo material, carece de anexidades existiendo en el costado (…) una puerta lateral que comunica con el terreno descubierto perteneciente al referido inmueble (…)”.

Comentemos ahora el párrafo anterior que nos da mucha información y deja también algunas preguntas. Nos indica que las de las dos “puertas” que ahora apreciamos sobre la pared de la calle una era ventana, seguramente la más cercana al ábside (oriente) pero la reja mencionada ya no existe, también menciona una espaldaña de la cual ya no quedan rastros, la campana mencionada ¿será la que aún está en la capilla nueva? La que hoy se ve está en muy buen estado de conservación, pudiera haber sido “restaurada”, habría que analizarla más a fondo pero al menos coinciden en la descripción de que son “pequeñas”. Conforme esta descripción la capilla tenía dos puertas una hacia la calle y otra hacia el patio posterior. Acerca de las paredes se menciona que en 1962 tenían cal: en las ruinas al interior se puede ver la cal pero bajo esta se distingue una pintura anterior de color celeste.

En un documento existente en el mismo departamento arquidiocesano del año de 1996 y firmado por Mons. Rodolfo Rodríguez se dice que la capilla antigua “está en ruinas”.

HUELLAS LITURGICAS.

Las dos paredes existentes poseen dos huellas litúrgicas. La pared norte en su interior posee un hueco dónde se colocaba el agua bendita y en la pared del fondo (ábside) se encuentra un nicho al cual no nos pudimos acercar dada la maleza espinosa del lugar. En ese nicho, al menos por el tamaño, pudo haber estado colocada la imagen patronal del Sr. San José de la cual hablaremos el próximo mes. 

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Mayo mes de María, mes de todas las Madres

Gracias por todo tu amor, por ampararme, por ofrecerme un amor puro e incondicional. Me acogiste en tus brazos y me educaste de la mejor manera en que Dios te pudo guiar.

Nunca has buscado ser protagonista, simplemente buscas seguir y cumplir con el plan de Dios. Tu fortaleza en cada uno de los problemas y enfermedades me llena de orgullo, nunca te has rendido.

“Te admiro por el esfuerzo y el empeño que le pones a cada una de las adversidades, te admiro por tu positivismo y por la confianza que tienes de que todo está bien, aún y cuando sólo tú sabes el dolor que sientes”.

Y es en medio de tu dolor cuando te pido perdón, por las veces en las que he querido salir corriendo porque me siento muy inútil al no poder hacer las cosas como se deben; es mucho mi dolor, mi frustración por la impotencia de no hacerlo bien. Perdón, pero no me rindo porque sólo sé que quiero ayudarte, y sé que debo hacerlo.

Quiero que sepas que todo vale la pena cuando te veo feliz, cuando te veo sonreír… ahí confirmo que mi misión es verte feliz, y hacer que te sientas lo mejor posible.

Gracias mamá, gracias por tu amor, ese maravilloso amor que solo tú y yo entendemos.

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Eran las 5:00 de la tarde, me alistaba con mi sotana, cota y lo principal, la custodia con el Señor, salimos con mucha alegría entre las calles del barrio de la Colonia Nueva Esperanza.

Entre las pocas familias que estaban guardadas en sus casa logré ver la mirada de quienes veían a Jesús entre las calles, hubo quienes se arrodillaban y otros les causaba extrañeza ante el paso del Señor, no cabía duda que Jesús estaba tocando los corazones de todas las almas que lo contemplaban.

A mí como sacerdote, consciente de mis limitadas fuerzas solo me tocaba ser testigo de la misericordia, donde el anhelo de participar en la Eucaristía se aliviaba al paso del Señor entre las calles del barrio.

Había muchos olores: a drogas, aguas negras, comida; pero todo tenía un propósito que Jesús llegaba a todas las calles, que no se cansaba de consolar a su pueblo, era tremendo verlo, escuchar como entre gritos y música Dios acallaban un barrio qué tal vez ha sido presa de la desesperanza.

Hoy puedo afirmar que Jesús bendijo a su barrio de la Nueva Esperanza en mitad de la desesperanza, donde las riñas y la falta de escucha son el pan de todos los días, pero Jesús tocó los corazones; en ese barrio Dios quiso morar, ahí se quiso quedar, bendito barrio que vio a su Salvador …

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Así lo dijo el Papa Francisco durante la bendición Urbi et Orbi, y este tiempo de contingencia que estamos viviendo, nos hacen sentir vulnerables, vemos amenazada la salud física y mental, la economía, las relaciones interpersonales, además surgen emociones que pueden verse magnificadas por pensamientos pesimistas y desalentadores: existe la incertidumbre sobre cuándo terminará, el miedo a cómo enfrentarla, frustración por las limitaciones sociales y la duda sobre que va a suceder cuando todo esto termine.

Comparto algunas sugerencias para contribuir a la búsqueda y vivencia de un equilibrio durante este tiempo de crisis:

1. Identifica y valida las emociones que surjan durante el día, sin juicios; detecta los pensamientos asociados y busca la congruencia entre pensamiento, sentimiento y acción.

2. Toma pequeñas pausas, respirando de forma lenta y pausada, esto ayuda a enfocar la atención en el momento presente.

3. Establece rutinas de auto-cuidado: aliméntate sanamente, duerme lo suficiente, realiza algún tipo de ejercicio, cuida tu imagen, desacelera el ritmo.

4. Mantén el contacto con tus seres queridos por medios electrónicos, estamos separados físicamente, más no distanciados emocionalmente.

5. Balancea tus labores tanto si realizas trabajo remunerado desde casa, así como las domésticas y los tiempos de convivencia familiar.

6. Vive un día a la vez y si es difícil enfocarte en el día completo, divídelo y vive una hora a la vez. “No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.” (Mt.6,34).

7. Y, sobre todo, realiza practicas espirituales: Mantén la fe y la esperanza de que esto también pasará y que hay Alguien que nos cuida y quiere lo mejor para nosotros. Practica ejercicios de meditación, intensifica tu oración, reza el rosario, recita salmos. Está comprobado que la espiritualidad ayuda a la prevención, acelera la recuperación y promueve la tolerancia ante los padecimientos.

-Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino. Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido”

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Cada ocasión que nos toca enfrentar situaciones que atentan contra la humanidad es común escuchar que se aproxima el fin del mundo, o que estamos en la antesala del fin de nuestra era, por ello hemos de poder detenernos y recobrar el valor de nuestra fe que podemos vivir y expresar. 

Hace más de un siglo el 13 de Mayo de 1917 la Virgen María apareció por primera vez ante la mirada de tres pastorcitos (Lucía, Jacinta y Francisco) en Cova da Iria cerca del pueblo de Fátima en Portugal. Sus apariciones sucedieron en 6 ocasiones los días 13 de cada mes. En estos encuentros se les ha comunicado lo que se conoce como el “Secreto de Fátima” que para su revelación/publicación y nuestro conocimiento se dividió en tres partes. En la primera trata de la Visión del Infierno, la segunda la Consagración del Inmaculado Corazón de María, y en la tercera la visión profética de un atentado. 

Este tipo de apariciones y signos sobrenaturales pintan nuestra historia, porque entrelazan los hechos humanos y el camino de la vida en el mundo, dejando expectantes a todos. Estas manifestaciones no contradicen el contenido de la fe, sino que, confluyen hacia el objeto central del anuncio de Cristo, este es: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial. Éste es también el mensaje de Fátima que, con un angustioso llamamiento a la conversión y a la penitencia, impulsa en realidad hacia el corazón del Evangelio.

El mensaje de Fátima confirma el amor maternal y el interés de nuestra Madre Celestial, que desea la salvación de todos sus hijos. Las visiones que nos han presentado como testimonio, pueden provocarnos angustia al inicio, pero en realidad nos están invitando a la esperanza. Nuestra vida esta acompañada de alegrías y dolores, gozos y sufrimientos que en la Cruz y dolor de nuestro Señor han tomado un nuevo sentido, un sentido de purificación y de renovación,  ya que es una actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica.

La Virgen de Fátima nos ofrece una respuesta con tinte de esperanza para las situaciones que nos aturden y que nos damos cuenta que sólos no podemos atender. Viene a irrumpir con su hermosa presencia en nuestras vidas y nos hace compañía en nuestro camino al cielo. Nos inivita a recibir la eucaristía y rezar el rosario cada día por nosotros y por nuestros hermanos.

Queda claro que su mensaje es la exhortación a la oración como camino para la salvación de las almas. Así, ante lo que nos toca enfrentar,  es necesario que nos abramos al actuar de Dios en compañía de María esperanza nuestra, en la vida y en la muerte. 

+Mons. Oscar Efraín Tamez Villarreal.

Obispo Auxiliar de Monterrey

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ENTRA EN TU CUARTO, CIERRA LA PUERTA, Y AHÍ EN LO SECRETO, ORA EN TU CORAZÓN. (MT 6, 6)

“Quedarnos en casa”. Frase que hemos visto y escuchado este tiempo por todas partes, pero ¿qué significa?

Pues sin duda, no significa quedarnos inmóviles, encerrados sin hacer nada, significa más bien, que podemos impulsar muchos corazones hacia la generosidad, que podemos contactar y unir a muchas personas a pesar de la distancia; que podemos buscar y generar respuestas ante la situación tan desafiante que vivimos. Que podemos aprovechar el tiempo para formarnos y fortalecernos.

No debemos quedarnos pasivos ni simplemente aislados. No podemos dejar de actuar, y mucho menos dejar de servir a los demás; hoy nuestro país nos necesita, y hay que alentar, motivar, hacer crecer la confianza y la esperanza; podemos influir positivamente en la sociedad, usando toda nuestra inventiva, inteligencia y creatividad; y llevar adelante ideas y proyectos en la línea de la promoción humana, de la solidaridad y de la caridad. Y por supuesto, no dejar nunca de rezar.

Tú ¿qué papel juegas ante esta pandemia?

+Mons. Alfonso Miranda Guardiola

Obispo Auxiliar de Monterrey

Secretario General de la CEM

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La mayoría conocemos el pasaje del “hijo pródigo” (Lc 15,11-32). Cada uno de los personajes de esa parábola puede decirnos algo. La idea de esta reflexión, se centra en el hijo menor de la parábola.

Lo primero que hay que poner en la mesa, y nos pone en sintonía con lo que vivimos hoy, es que la narración del “hijo pródigo” habla del dolor. El hijo menor le pide a su padre la parte de la herencia que le toca. En esta petición hay una acción lacerante: la herencia se pide cuando el padre muere, no antes. No puede uno dejar de pensar en dos cosas: el hijo menor es codicioso y de manera implícita desea la muerte de su padre.

La narración sorprende porque el padre le da a su hijo la parte de herencia que le toca y, además, lo deja partir. Desde el punto de vista de la ley de Moisés, el hijo deshonra a su padre (“honrarás a tu padre y a tu madre”). Ante este hecho, algún comentarista afirma que el padre pudo haber pedido el máximo castigo para su hijo, es decir, la muerte. Sin embargo, la parábola muestra que el padre reacciona de otra manera: permite a su hijo marcharse con la herencia. Jesús revela en la parábola que Dios no sigue la lógica humana, sino que rompe la cadena de la violencia y actúa desde la lógica de la libertad y el amor. Aún hoy, muchos siguen pensando en la cadena antigua de un Dios castigador; reflejan más sus estructuras personales, que el mensaje de Cristo.

Si el padre hubiera obligado a su hijo a quedarse, habría evitado dos dolores: primero, el sufrimiento de la separación y, segundo, la fase dolorosa del hijo al tocar fondo y regresar pidiendo ser aceptado como esclavo. Pero si lo hubiera obligado a quedarse, se habría perdido la relación sustancial entre padre e hijo fundada en la libertad. Además, el hijo sería, como en la mentalidad del Antiguo Testamento, un objeto más de su propiedad, sometido a la violencia de la voluntad paterna. De hecho, así piensa este hijo menor, en un primer momento, al volver arrepentido: “trátame como a uno de tus trabajadores”, le dice a su padre.

¿Qué nos dice en estos momentos la parábola a nosotros que vivimos en medio de esta pandemia amenazante? A la luz de la parábola del hijo pródigo, podemos pensar que el hijo menor somos nosotros, los seres humanos. Hemos querido emanciparnos de Dios Padre, hemos deseado su muerte y le hemos pedido la libertad y que nos deje partir con la herencia propia que nos regala la vida. Nos hemos conducido bajo nuestra óptica y nuestros intereses, hemos creado un mundo lleno de desigualdades, nos hemos creído superiores a otros (cuando la pandemia nos deja ver que somos iguales). Hemos exigido nuestra herencia y la hemos despilfarrado. Nos importa más invertir en armamento que en instituciones de salud para prevenir epidemias. Hemos jugado a la guerra para “conservar la paz”. Hemos sido orgullosos y arrogantes, pensando que somos poderosos, y no dudo que, por momentos, hasta inmortales. Confiamos desmedidamente en la economía, la tecnología y la ciencia; éstas, como nuevas deidades, se han instalado en nuestra conciencia adormecida. Hemos descuidado nuestro mundo, lo hemos enfermado y explotado. Nos hemos olvidado que somos hermanos y tenemos la responsabilidad de cuidarnos. Hemos perdido la brújula y hemos comerciado con todo, hasta con la salud que debe ser un bien al alcance de todos.

Hemos hecho de la política un negocio para beneficio personal, hemos perdido la oportunidad de servir, ser honestos, útiles y sensibles. Hemos sido culpables que gobernantes incapaces hayan arribado al poder por nuestra falta de compromiso. Hemos sido pastores medrosos. Hemos sido indiferentes ante políticos y políticas injustas, mientras no afecte mis negocios. Nos hemos dejado corromper con justificaciones irrebatibles. Hemos perdido el sentido de la trascendencia y hemos enterrado nuestros talentos olvidando que nos pedirán cuentas al final de nuestra vida.

En la parábola, el hijo vuelve arrepentido después de haber tocado fondo. El recibimiento amoroso de su padre aporta una óptica distinta a su hijo; ahora hay un salto cualitativo en su conciencia filial.

Un bichito de apenas 50 nano gramos (medida casi inimaginable) ha puesto en crisis a todos y a todo. A la política, a la economía, a la religión, a las estructuras globales, a la familia y a cada uno como persona. Nos ha confinado a vivir hombro a hombro en una casa, a vestir con poca ropa, a tener los autos en la cochera, a ver nuestras cuentas entelarañándose, a la nostalgia de abrazar a la familia y a los amigos, a ponernos delante del espejo sin maquillaje, a privarnos de la belleza de este mundo, etc.

¿Pudo Dios omnipotente evitar estos sufrimientos y detener todas estas pretensiones de libertad que tenemos sus hijos? Como Dios todopoderoso, sí. Como Padre amoroso, no.

El Covid 19 también nos ha traído cosas positivas, nos ha puesto a pensar, a leer, a escucharnos en familia, a hablar con Dios, a ayudarnos, a entendernos, a ser más pacientes, a conocernos mejor, a escuchar con atención al Papa, a extrañar nuestras celebraciones en comunidad, a mirar a los desprotegidos, a los ancianos, a los niños, a los pobres, etc.

Ahora bien, como humanidad que toca fondo, o, al menos es puesta en jaque, ¿cuál será nuestra actitud después de la pandemia? En la historia de la humanidad ha habido otras epidemias más devastadoras y la humanidad no cambió después de ellas. ¿Será el corona virus una epidemia más en nuestra historia?

¿Volveremos a ser los mismos de antes? ¿Nos volverá a encontrar una nueva pandemia desprevenidos y ensimismados? ¿Piensas que, si nadie de los tuyos fue afectado por el virus, le darás vuelta a la página y seguirás siendo y haciendo lo mismo de antes? ¿Reaccionarás a una próxima desgracia hasta que toque a uno de tus descendientes directos?

¿Cuál es tu esperanza? ¿Te ha interpelado Dios en estos días? ¿Qué piensas hacer? ¿Qué piensas poner? ¿Qué piensas arriesgar? ¿Te incumbe un nuevo mundo? ¿Qué papel jugará tu fe después de la pandemia?


Pbro. Hugo Alberto Chávez Jiménez

Pbro. Hugo Alberto Chávez Jiménez.

Doctor en Sagradas Escrituras.

Actualmente, formador en el Seminario de Monterrey.

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Arzobispo de Monterrey

Llamado a la fe y vivencia de la propia vocación en las circunstancias actuales

La emergencia sanitaria mundial que estamos viviendo es histórica y la humanidad actual tiene que aceptar y responder a este desafío. Dentro de esta barca única de la humanidad, estamos nosotros, discípulos de Cristo, sus humildes servidores y sacerdotes del Señor. Él está en la misma barca, tal como el Santo Padre, el Papa Francisco, nos hacía reflexionar en la Bendición Urbi et Orbi. Jesús duerme, hasta que le gritaron preguntándole: “¿no te importa que perezcamos?”. De la reflexión del Papa podemos inferir: ¡claro que le importamos! Dios Padre no envía la tempestad, es parte de la vida en el mundo, y Jesús, Hijo de Dios, por su amor misericordioso, es el Primer interesado en atender las dificultades humanas. 

Pero, dormido en la barca, el Señor esperaba la respuesta de humildad de aquellos experimentados pescadores, quienes conocían el lago. No era una tormenta del mar Mediterráneo, fiera e implacable, sino del mismo lago de Galilea, el lago de siempre, tan navegado por ellos, del que pensaban que tenían bien conocido y dominado. Jesús esperaba la humildad de los pescadores pidiendo su ayuda y, al despertar, no negó la tormenta ni minimizó la reacción de los discípulos, sino que se enfocó en el interior de ellos y en su corazón, descubriéndoles lo que sucedía: su fe era muy débil.

Hemos sido llamados por Cristo a atender a su pueblo. Cada uno ha recibido el don del sacerdocio para ejercerlo en su nombre y en comunión con toda la Iglesia. También cada uno de nosotros ha recibido dones personales para responder, según la propia capacidad, a las circunstancias de las propias responsabilidades.

Las nuevas situaciones que vivimos, aunque sean temporales, nos exigen nuevas formas de vivir nuestro ministerio que puedan responder a ellas, siendo así, buenos pastores para toda la comunidad cristiana. Sin embargo, la base de nuestra vida como pastores es la misma: la fe en Cristo Jesús y la respuesta que hemos dado a su llamado.

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey


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